EL ÑEMBY QUE SE FUE – AQUELLAS LAVANDERAS DEL BARRIO CAAGUAZÚ

Cultural

Temprano en las mañanas, después de recoger las ropas de sus clientas en sus hogares, ellas se dirigían al arroyo con grandes líos de ropa en la cabeza. Acompañadas de sus hijos, se sentaban junto a las aguas que fluían junto a las hierbas, cerca del pocito de la escuela Don Bienvenido Osorio. Allí se pasaban horas y horas encorvadas sobre sus tablas, azotando una y otra vez las telas con sus manos, con sus cepillos, con sus palas de lavar, pequeñas herramientas de madera en forma de raqueta que sus esposos les fabricaban. Mientras fumaban sus gruesos cigarros o conversaban entre ellas, fregaban la mugre ajena con el único detergente que tenían: el jabón en pan. Sábanas, manteles y ropas ponían a secar sobre los alambrados y arbustos, seguidas por las vacas que se acercaban a comer pasto y flores. Los niños jugaban por allí, y los mangos maduros caían de los árboles cercanos. Con el cerro Ñemby de fondo, el paisaje era tan hermoso que parecía una pintura campestre llena de detalles. A pesar de los dolores de espalda y las heridas en las manos, estas mujeres sufridas apenas se quejaban. Ña Pabla, Ña Francisca, Ña Luisa, Ña Chivé y otras más, suavizaban sus prendas con su sudor para contribuir al escaso salario de sus esposos, quienes trabajaban como agricultores, ayudantes de albañil o jornaleros. Por las tardecitas, regresaban a casa con sus palanganas llenas de ropas, que transportaban en la cabeza sobre una rosca de trapo. Los niños las ayudaban a llevar los baldes, los ajakás y otros utensilios. Cansadas pero orgullosas entregaban sus esfuerzos a las clientas satisfechas, y solo entonces, después de recibir el pago, volvían a sus hogares junto al cerro, impregnadas del olor del jabón, y los efluvios del ysyry.

Freddy Ovelar

Foto expropiada de internet, de autor desconocido.

EL ÑEMBY QUE SE FUE – LOS CARRITEROS AGUATEROS

Noticias

Solo aquellos que vivimos en las zonas suburbanas de Ñemby en las décadas de 1980 y 1990 podemos recordar a esta figura tan simpática, agreste y sumamente útil: el aguatero carritero. El aguador de profesión tenía un carrito provisto de un tambor, tirado por un caballo, con el cual salía a distribuir agua a domicilio a un precio de 1 G. por litro. Su trabajo era sencillo, aunque no por eso menos exigente: conducía su carrito hasta los arroyos o aguatería, llenaba su tambor de agua y luego salía a recorrer las casas. Con mayor frecuencia en los días calurosos, podíamos escuchar al aguatero pasar por la calle a diferentes horas del día, guiando a su animal y anunciándose con su voz: «Joo, Joo». Entonces, los habitantes debíamos salir a pedirle turno y, si teníamos suerte, más temprano que tarde el aguatero llegaba con su vital carga, en un trote lento pero seguro, jadeando bajo el sol y envuelto en el polvo que levantaba en los ásperos caminos de Ñemby. Con gritos roncos, el aguatero maniobraba su carrito para meterlo en reversa por el portón de la casa, mientras los perros furiosos ladraban e intentaban morder las patas del caballo. El carrito crujía mientras las ruedas y la estructura de madera se movían, y una vez en posición, se quedaba quieto y goteando agua. Cada vivienda tenía en su patio delantero una pequeña pileta o un tambor donde se descargaba y almacenaba el agua, de la cual las personas dependían para asearse y beber. En aquellos tiempos, cuando no existía el servicio de agua corriente, la falta de agua potable se resolvía de la manera menos refinada en los barrios; incluso el más educado podía recoger el agua con un jarro de la pileta y beberla sin temor ni preocupación. La escena del aguatero soltando el chorro por la gruesa manguera hacia el depósito del hogar siempre era refrescante. En esa escena recuerdo a Leky, nuestro aguatero descalzo del barrio Caaguazú, un arriero silencioso y melancólico, siempre vestido con pantalones negros arremangados y una camisa abierta sobre su estómago flaco. El aguatero era una especie de servidor del pueblo, al que los habitantes recurrían para tener agua sin esfuerzo, es decir, sin tener que transportarla en baldes y bidones desde el pozo más cercano, que quedaba a varias cuadras de distancia de sus hogares. Los pintorescos aguateros de tracción animal nos dejaron hermosos recuerdos; brillaron en una época muy difícil y precaria en nuestros incipientes barrios. Verlos transitar por las calles era algo completamente normal. Aunque con el paso del tiempo parecieron ser desplazados por los camiones cisterna y, sobre todo, por la expansión gradual del suministro de agua corriente, lo cierto es que persistieron y continuaron trabajando, llevando el líquido vital a los hogares más humildes, hasta que el último de ellos desapareció para siempre ante el avance del progreso.

Freddy Ovelar

UN POEMA DE MI HUMILDE MAGNIFICENCIA

Cultural

Soy el número uno, la obra maestra del cosmos.
Soy el único del mundo, porque todos los demás están muertos.
Soy hombre y soy divino, y aunque parezca que ando
entre los hombres, yo ando
sobre la cabeza de los hombres.
El mundo es tal como yo lo pienso y quiero,
el mundo está animado por mí,
se transforma a mi voluntad.
El sol no sale si yo no lo miro.
El amor no existe si yo no lo siento.
Me acuesto y pienso. Soy la maravilla del caos.

Freddy Ovelar

LAS FLORES CRECEN SOBRE LAS TUMBAS

Cultural

Ayer, los niños olvidaron su hambre y sus lágrimas se perdieron en la lluvia. Los pájaros cantaron hoy. Muy temprano, el sol saludó como siempre. La voz de una madre vibró en la brisa, y agitó dulcemente las hojas de las mandarinas, sobre las cuales ahora se despliega un cielo azul. Cuando vuelva la normalidad, nos sacudiremos, y entonces nos juntaremos y nos abrazaremos, y saldremos a buscar un nuevo comienzo. Pero por ahora, millones de virus esperan en todos lados. Las calles están vacías. Hay frescos muertos en frías tumbas, hay lindas flores que se abren con el sol.

Freddy Ovelar

EL PAN DE LA CENA

Cultural

Rechazaré la invitación de la épica e interpretaré la música de los pordioseros, abofetearé al pontífice y me reiré con el loco. Me iré con el recuerdo de mis platos vacíos; el arrugado adiós de mi vieja y el crujir de los huesos de mis perros muertos serán la melodía de mi partida. Mis pies besarán las fronteras de la medianoche, me nacerán alas y subiré los rascacielos de las flores. Mi sonrisa será un caballo blanco corriendo por los cielos azulosos; alumbraré mariposas y seguiré subiendo… Debajo de mí, detrás de mí, por todas partes, las miserias humanas clamarán por el cariño de Dios. Las putas se convertirán en musas, y en torno a mí agitarán sus faldas como una dinastía de divas pornográficas. Oh entonces el frío vacío de la soledad ya no me aterrará. Primaveras, cumbres, mañanas de domingo, burbujas, risas planetarias, besos, amores de la juventud, cabrán en mis uñas. Mis cabellos, mis manos serán perfumes como las tardes de diciembre de mi infancia; la dicha será un pájaro de fuego batiendo sus alas en mi rostro extasiado.

Freddy Ovelar

LAS COSTILLAS DEL HAMBRIENTO

Opinión

El barrio Caaguazú es un laberinto de casitas y callecitas humeantes, llenas de hedor espeso y rancio de la miseria humana. Es el mundo de los pobres, de los albañiles, de las yuyeras, de los vendedores ambulantes, de los olvidados por el gobierno, de los que apenas sobreviven comiendo de lo que les sobra, alimentándose a base de mandioca y cocido y cocos. Los más pudientes pueden cocinar todavía, y lo hacen con leñas recogidas de los boscajes aleñados, haciendo que esta tardecita huela a tortillas fritándose en aceite barato. Cerca se oyen ladridos de perros, más allá gemidos de niños. Mis vecinos ñembyenses, compatriotas suyos y míos, ayer nomás reían como saben reír los paraguayos. Reían en sus miserables gozos y reían en su gozosa miseria. Hoy, sin embargo, guardan absoluto silencio. Son mudos prisioneros de la burocracia indolente de un gobierno inepto, plétora de necios y zánganos que los echó a la reclusión y al olvido. El gobierno es incapaz de alcanzar al pueblo los víveres prometidos, pero sí es rápido para arreglar crematorios para hacer polvo con los muertos. El paraguayo es estoico. Sufrir es su vida. Luchar es su destino. A mis vecinos cuarentenados del barrio Caaguazú, el hambre y la miseria les luce en las costillas, pero ellos sobreviven sin decir una queja. A la posibilidad de convertirse en polvo, el hombre prefiere el peor de los terrores.

Freddy Ovelar

A VOS QUÉ TE IMPORTA, MARITO

Opinión

🇵🇾Si el municipio de Ñemby, ese pueblo de mierda que cuelga de un cerro ruinoso, como la costra de una herida, es postergado por tus ministerios colmados de monos, a vos qué te importa.
🇵🇾Si el badulaque de Roa, ese inútil como espátula acéfala, se burla de los pobres agitando la mano con el pulgar pegado a la nariz, a vos qué te importa.
🇵🇾Si a vos te llueven dólares de tus maquinitas chirriantes, los bolsillos vacíos de tu pueblo, a vos qué te importa.
🇵🇾Si no puedes verlos postrados en sus camas, los desdichados trabajadores enfermos, los viejitos que se acuestan hambrientos, a vos qué te importa.
🇵🇾Si no te llegan las oraciones de mi vieja, que ruega por un hueso para engrasar su olla, a vos qué te importa.
🇵🇾Si las memorias de nuestros pucheros, ganados en un día de trabajo, duelen en nuestros estómagos como el dolor que deja un miembro amputado, a vos qué te importa.
🇵🇾Si no son largas tus noches, el llanto de los niños inocentes, a vos qué te importa.
🇵🇾Si tu comida es tan abundante que puede satisfacer el hambre de diez hombres, el plato vacío de tu pueblo, a vos qué te importa.

Freddy Ovelar

Óleo de José Antonio Del Castillo

EL BICHITO REVELA LA CARA MONSTRUOSA DEL GOBIERNO DE MARITO

Opinión

El gobierno está inoculado por el virus de la mediocridad. El badulaque ministro de la SEN se hace una foto con la primera beneficiaria de los bonos y a seguir silbando. ¿Le importa al gobierno que los 1.500.000 paraguayos humildes que quedaron sin trabajo comiencen a tener hambre? ¡Un carajo! ¿Le importa que los comerciantes, independientes y cuentapropistas se queden en las ruinas? ¡Bah! Ellos son pequeños arrogantes con ínfulas de Bill Gates y se tienen que aguantar. Hambreados no le estorbamos a este gobierno inepto y mentiroso. Nos está callando con hambre para que los manguruyúes de siempre puedan morfarse tranquilos los 1.600 millones de dólares que el estado recibió de préstamo, para que puedan reducir las obras del metrobus a escombros, sin miramientos, y ante el silencio cómplice de los medios de comunicación, como Abc, Ultima Hora, Telefutro y Canal 9. Un pueblo sin pan no puede protestar. Es polvo y olvido. Los gobiernos se definen por su capacidad de manejar las crisis. El nuestro es un gobierno de morondanga que se burla de su pueblo; que hiede, que duele, y que, si lo dejamos, nos acabará más pronto que el coronavirus.

Freddy Ovelar

Dibujo de Niko

MÁS UNIÓN Y MENOS CRÍTICAS DESTRUCTIVAS OPORTUNISTAS EN ÑEMBY

Opinión

Creemos que no es momento de debates sino de arrimar el hombro, de pensar en cómo ayudar al prójimo. Ñemby y el país están bajo la amenaza de una pandemia que no entiende ni de política ni de credos, y a la que entre todos debemos hacer frente y vencer. Este virus ha tomado por sorpresa a todos, ningún país se ha salvado, y por eso nos parece lamentable el uso que están haciendo de esta crisis los de la oposición en Ñemby. No todos, pero son muchos politiqueros de baja estofa los que están queriendo politizar la crisis sanitaria. Sus actos demuestran que a ellos no les importa mucho lo que está pasando; unos despotrican contra las autoridades, otros solo están mirando el sillón de la intendencia. Ñembyenses, vamos a dejar de hablar de política, hablemos de salud y de planes de ayuda. Luego pediremos cuentas a quien haya que pedírsela.

Freddy Ovelar

 Iglesia de Ñemby, óleo de GRISELDA ROSSI SCHUBERT

CIUDADANOS SOLIDARIOS ORGANIZAN OLLA POPULAR EN EL MERCADITO DE ÑEMBY

Noticias

Un grupo de ciudadanos ñembyenses, compuesto por vendedores y comerciantes del mercadito, le puso pecho a la cuarentena y preparó comidas calientes para servir a los vecinos y vendedores informales de la ciudad. “Organizamos una olla popular para darle de comer a gente que lo necesita, para colaborar con los más castigados por la cuarentena”, dijo Maraví Gómez, una de las organizadoras. La idea, que nació de la presidente de la Asociación de vendedores del mercadito, doña Zulma Unzaín, tuvo el respaldo de varios ciudadanos que aportaron los víveres para la preparación de los alimentos. “Fue muy reconfortante para nosotros verles a nuestros compatriotas irse contentos a sus hogares con sus recipientes con comida, con la cual hacerle frente a la crisis. La mayoría de nosotros somos representantes de sectores sociales de Ñemby, y vemos con preocupación la gente que la está pasando mal, especialmente los que viven de changas o del día a día, por el riesgo del coronavirus y por la falta de trabajo”, señaló Maraví Gómez. Todos sabemos que esta clase de iniciativas se constituyen a partir de la cooperación y del aporte que realizan los vecinos, y es por eso que la líder social quiso agradecer de manera especial a las personas que la hicieron posible. Dichas personas son: Zulma Unzain, Marta Cardozo, Noelia Trinidad, Teresa Brítez, Estanislaa Maldonado, Wilma Brítez, Sandra Gómez de la Fuente, Pedro Zorrilla y Leo Villalba. Son momentos difíciles los que están pasando los trabajadores informales, pero ahí están estas personas dándoles una manito para que esta cuarentena se les haga más fácil. Pensemos como pensemos, somos una gran familia que debemos estar ahora más unidos que nunca. ¡FUERZA ÑEMBY!

Freddy Ovelar

Mujeres ñembyenses con las pilas puestas para ayudar a nuestros coterráneos más necesitados por la cuarentena.
Usando guantes y tapaboca para evitar el contagio del coronavirus, una voluntaria ñembyense revuelve el almuerzo que está a puno de ebullición
Voluntaria sirviendo un plato de comida
Personas que llegan con sus recipientes para retirar el almuerzo de la olla popular organizada en el mercadito de Ñemby
Parte de lo donado por ciudadanos solidarios para la olla popular organizado en el mercadito