POR TUS CALLES ÑEMBY

Opinión

Ñemby ha experimentado un impresionante crecimiento urbano en los últimos años, y sus barrios se han vuelto muy poblados. Sin embargo, aún enfrenta un problema preocupante en cuanto a la identificación vial deficiente. La falta de nombres en las calles plantea un desafío para el correcto funcionamiento de los servicios urbanos. ¿Cómo puede una ambulancia, un camión de bomberos, un vehículo de patrulla policial o un servicio de entrega o delivery orientarse en una emergencia?

Además, muchos de los nombres de nuestras calles requieren ser actualizados. Tenemos una gran cantidad de calles que llevan nombres de fechas, como «6 de enero», «3 de febrero», «1 de marzo», «1 de mayo», «3 de mayo», «9 de agosto», «15 de agosto», «11 de setiembre», «29 de setiembre». El hecho de que la mayoría de nuestras calles, clubes y plazas tengan nombres relacionados con fechas históricas refleja la falta de imaginación en el pasado a la hora de elegir nombres. Incluso muchos de nosotros desconocemos el evento que se intentó conmemorar al darle a una calle un nombre específico de fecha. Aunque estas fechas tienen un significado histórico, se repiten en exceso y carecen de la fuerza necesaria para dar identidad a una calle, club, barrio o plaza.

Lo ideal sería que los residentes de los barrios periféricos comiencen a ser más creativos y asignen nombres a sus calles basados en referencias comunes entre los vecinos o características propias de su comunidad, de modo que reflejen la temática de su entorno. Por ejemplo, en las áreas boscosas, las calles podrían tener nombres de árboles, como «Tajy esquina Tarumá» o «Yvapovô entre Ingá y Mbokaja». Las frutas y las flores también ofrecen opciones atractivas para denominar nuestras calles, como «Yvapurú» y «Guavirá», o «Jazmín casi Azahar».

Al promover una mayor creatividad en la denominación de calles, podremos dotar a Ñemby de una identidad vial más sólida y facilitar la orientación de los servicios de emergencia, al tiempo que honramos la diversidad y riqueza de nuestra comunidad.

Freddy Ovelar

Taruma a los pies del cerro Ñemby
Valga este meme para significar que los nombres que son fechas o fechas que son nombres son ambiguos y pueden generar confusión.

EL CELULAR ESTÁ CREANDO UNA GENERACIÓN DE IDIOTAS

Opinión

Para el idiota el mundo fuera del celular no existe, la vida se derrumba cuando se queda sin celular. El idiota cree tener la razón, pero la razón huye de él. Cree que lo que pasó hace cinco años es antigüedad. No tiene noción del tiempo. El único pasado que tiene relevancia para él es su propio recuerdo. TBT lo llama. No tiene noción de historia. Vive como felino en su eterno presente, sin pensar en el futuro. No le importa desdeñar su futuro porque no puede ver más allá de sus narices, y porque no puede ver más allá de sus narices le chupa un huevo su progreso. El idiota está dispuesto a sacrificar su propio bienestar y el de la comunidad si esto significa tener siempre en mano un celular de última generación. Los idiotas del celular son seres superficiales. Hasta el más pobre pagará el celular más caro y sofisticado como un duque. “Porque es re-facha, loco”, dice. Uno de los objetivos esenciales del idiota es tomarse una foto con una lata de cerveza en la mano y publicarla en sus redes sociales. Entonces es feliz. Vivir para laburar y laburar para farrear, tal es el sentido de su vida. Se enorgullece de él. La estupidez también aflora orgullo. El burro no sería feliz si no fuese burro. No es idiota el que utiliza libre y dignamente su aparato celular, el idiota es el zonzo que abusa de su uso. Es decir, al idiota su idiotez le viene del uso excesivo del celular y de ser manejado por la tecnología. El idiota puede ser el que peina canas, pero generalmente es pendejo, treintañero a lo máximo. No hay conversación con él. Carece de juicio propio. Está con el celular todo el tiempo. Sin su teléfono se siente desnudo, incompleto, como el adicto sin opio, como el alcohólico sin caña. No le pasa nada. No es el síndrome de la llamada imaginaria lo que tiene, ni el phubbing, ni la dependencia de internet, ni la depresión del Facebook, ni el Selfitis ni el Whatsappitis, es simplemente idiotez. El mal del idiota. Todos nosotros en nuestra juventud hemos tenido nuestras ideas de ocio y modas que seguimos como buenos corderitos. Pero la estupidez no puede estar de moda. Ser idiotas no puede ser la regla. El idiota no está en este mundo. Tecleando camina y tecleando come; tecleando vive idolatrando imbéciles y anhelando ser como ellos. Incluso tecleando muere. No tiene tiempo para pensar. No habla, no se preocupa, no pregunta, no disfruta, no escucha, no admira, no controla, no piensa, no opina, no hace el amor, no vive. Algunos ostentan títulos universitarios, pero son profesionales semi-analfabetos, licenciados que no saben leer ni escribir, profesores chaé, doctores kua chapí. Se rehúsan a leer porque no creen que la lectura sea un deber sino una opción. ¡Ya ni esperemos que sea un gusto! El idiota se despierta soñando que le dejemos en paz, que respetemos su decisión de ser idiota. “No volveré a ser joven”, dice. Como si falta le hiciera.

EL INCREÍBLE PARAGUAYO PYNANDI

Noticias

Los especialistas podólogos nos recomiendan andar descalzos. “Andar descalzo favorece la estructura anatómica del cuerpo, siempre y cuando se camine sobre una superficie lisa”, dicen. Además, es saludable porque nos libera del infecto y pegajoso contacto con la goma de los calzados. Hasta no hace mucho tiempo, sobre todo en las zonas rurales de nuestro país, se podía ver a niños ir a la escuela descalzos. Según estudios, estos niños que daban clases sin zapatos aprendían más y mejor debido a que se sentían “más libres y más felices y desarrollaban mejor su inteligencia”.Muchos años antes de la era Stronista, poseer un par de calzados era casi un lujo extravagante para la mayoría de los paraguayos. En algunos hogares campesinos había un par de calzados que pertenecían al padre de la familia quien los usaba solo para los días domingos para ir a misa, pero luego de terminada la celebración religiosa el señor se descalzaba y volvía a casa con sus zapatos en hombros porque éstos le hacían doler los pies.Sin embargo, en otras casas relativamente prósperas de nuestra campiña, también las mujeres poseían calzados pero los usaban sólo en raras ocasiones, en acontecimiento sociales o religiosos y cuando era necesario ponerse muy lindas. Se las podía ver entonces en algunas noches caminando descalzas por caminos arenosos y con sus zapatos de tacón en la mano. Se dirigían a alguna fiesta Karapé, de esas que se celebraban bajo la enramada y sobre un suelo de tierra bien regado para no levantar polvo. Claro que al llegar cerca del lugar iluminado por lámparas “Mbopi”, ellas se restregaban los pies, se calzaban los zapatos, y entraban en la fiesta radiantes como damas de la realeza.Existe una dureza natural en los pies del paraguayo. Increíblemente, la mayoría podemos caminar sobre suelos ásperos casi sin molestias y sin quejarnos. Mi madre me contó que ella tuvo sus primeros zapatos recién después de ser señorita, y cuando le pregunté cómo se las arreglaba para caminar descalza sobre la crujiente escarcha en esos amaneceres muy fríos, en su Quiindy natal, me respondió que el truco consistía en caminar a paso rápido y sin detenerse para evitar que se congelaran los pies.Caminar descalzo es totalmente natural, más allá de la vergüenza que pudiera ocasionarnos. Existen países desarrollados donde ahora mismo es una moda andar con los pies desnudos. Nueva Zelanda es uno de ellos. Sus habitantes andan descalzos por la calle. Allí el 50% de los jóvenes van al colegio totalmente descalzos, llueva o haga frío. Es curioso. Pero claro que por aquellos lugares andar descalzo es una opción y no una cuestión de pobreza.En nuestro país, el problema de los pies descalzos comenzó a experimentar algún alivio allá por los años 50, cuando empezaron a llegar al país esas zapatillas deportivas de lona y goma a las que acá llamamos “championes”. Aunque estos artículos eran más baratos que los zapatos de cuero, aún no estaban al alcance de las grandes mayorías, y la gente pobre siguió caminando descalza. Pero en la siguiente década apareció otra novedad: esas pantuflas de goma a las que llamamos “zapatillas japonesas”, o simplemente zapatillas, hoy de uso tan generalizado que todo paraguayo cuenta con por lo menos dos pares de estos artículos.Cuando yo era niño sí poseía calzados y con ellos en los pies me iba a la escuela, pero la mayoría de mis amigos no los tenían, de modo que para salir a caminar o jugar con ellos me desprendía de mis calzados y así andaba todo el día: descalzo. Aún hoy, que ya soy un hombre viejo, sigo practicando esa costumbre porque los zapatos me molestan y me hacen doler los pies.

Texto de Oscar Brito

El paraguayo pynandi
Hasta no hace mucho tiempo, sobre todo en las zonas rurales de nuestro país, se podía ver a niños ir a la escuela descalzos. Según estudios, estos niños que daban clases sin zapatos aprendían más y mejor debido a que se sentían «más libres y más felices y desarrollaban mejor su inteligencia» (Foto ABC color)

NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN COCOTEROS

Noticias

Hace unos treinta años, lo primero que el visitante advertía al llegar a Ñemby era la gran cantidad de cocoteros irguiéndose por doquier. Tal era la imagen típica del distrito de Ñemby, que entonces era más conocido por sus patios y páramos sembrados de cocoteros que por su cerro. Tanto era así que el municipio le asignó el nombre de Mbocajaty a uno de sus barrios (huerto de los cocos), y hasta lo representó en su bandera. El cocotero forma parte del escudo ñembyense además del cerro y su laguna. “La planta de cocotero es el homenaje a lo que Ñemby fue en sus inicios” se lee en una referencia sobre las características de la bandera de Ñemby. El aumento desmesurado de la población urbana devastó nuestras icónicas plantas de mbokaja. Atrás quedaron los tiempos en que los antiguos pobladores de Ñemby recolectaban sus frutos y se los vendían a la planta aceitera del barrio Rincón. Nuestros mayores también usaban la madera del tronco para construcciones rústicas y las hojas como forraje para el ganado. El mbokaja-mata ha estado tan presente en nuestros paisajes y en nuestra historia que llegó incluso a calificársele de homicida. Una mañana de 1990, en medio de un temporal, un joven vecino del barrio Caaguazú de nombre Dany, un estudiante del colegio Pablo Patricio Bogarín, murió en el patio de su casa cuando cayó sobre él una mata de cocotero mientras ataba su vaquilla a un árbol. El luctuoso suceso causó una gran conmoción en el vecindario y fue noticia en varios diarios capitalinos; uno de ellos tituló: “El cocotero asesino”. Estos exóticos árboles alargados y espinados están desapareciendo, y por tal motivo las flores de coco que solemos emplear para adornar nuestros pesebres ñembyenses cada fin de año nos salen más caras porque nos llegan de otras ciudades. Quedan todavía, pero alrededor del 70% ya fue talado. Esperemos que no nos lamentemos de su extinción como hoy nos lamentamos de la desaparición casi total del tártago de nuestros paisajes, el popular mbaysyvó, que hace muchos años brindaba sombra temporal a los primeros arribeños que venían a edificar sus precarias casitas en los loteamientos periféricos de Ñemby. Los tártagos eran plantas endebles, de hojas anchas y de vida corta, pero eran muy valorados por los nuevos vecinos que ansiaban tener sombra rápida por su velocidad de crecimiento. Así como había verdaderos bosques de cocos, entonces existían lugares que eran verdaderos tartagales. El arasá también está desapareciendo, y el yvapurũ, y las moras, y las tacuaras, y las naranjas. Al guayabo y los naranjos casi ya no se les ve, y eso que eran las plantas más urbanas de Ñemby. Mientras tanto, la pregunta es: ¿dejaremos de ver definitivamente a nuestros cocoteros y demás árboles nativos? La última palabra la tienen las autoridades municipales y los medioambientalistas. Una posible solución sería reintroducirlos en los suelos boscosos del cerro Ñemby, quizá esta acción nos permita conservar algunas plantas nativas que habrían desaparecido y multiplicarlas otra vez.

TEXTO de Freddy Ovelar

FOTOGRAFIA: Jorgelina Valiente

El aumento desmesurado de la población urbana devastó nuestras icónicas plantas de mbokaja.
“La planta de cocotero es el homenaje a lo que Ñemby fue en sus inicios” se lee en una referencia sobre las características de la bandera de Ñemby
El cocotero forma parte del escudo ñembyense además del cerro y su laguna
Hasta hace algunos años, Ñemby era más conocido por sus patios y páramos sembrados de cocoteros que por su cerro

VILLA CARIÑO, EL SECRETO NIDO DEL DESEO

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Una vez, una vecina mía, cuyo oficio era recolectar raíces y preparar remedios refrescantes, me confesó: «Si yo hablara, si te contara todo lo que sé, toda la ciudad se incendiaría». Y es que mi vecina no solo se adentraba en los bosques para recolectar hierbas en su canasta, sino que también buscaba descubrir los secretos más íntimos e infames del barrio Caaguazú. Detrás de los yuyales, se ocultaba un mundo agitado de encuentros furtivos que tenían lugar a espaldas de todos.

Mi vecina, al percibir el movimiento de las plantas, se detenía y se escondía sigilosamente detrás de un arbusto o una mata, para espiar las obscenidades de las parejas que se entregaban a la pasión en la exuberancia de Villa Cariño. Allí descubría los encuentros secretos de los amantes, los jadeantes enredos de los engañados, los actos lascivos de hombres casados y moralistas que se lanzaban al abismo del pecado bajo el manto de la clandestinidad, como abejas atraídas por un tambor de miel. Llevaba la mano a los labios cuando se sorprendía al descubrir los asuntos sexuales de respetables señoras santeras que llevaban una vida de recato en la comunidad y otra de putaismo en los matorrales.

Así, mi vecina conocía, como si estuviera destinada a ello, los perfiles más increíbles de la lujuria en Ñemby; los amantes y los cornudos, los apasionados y los apacibles, los amantes explosivos y los impotentes, las lloronas y las frígidas, los instintos más depravados. Villa Cariño no era solo un barrio, sino un lugar especial en medio de la vegetación para el desenfreno amoroso. Era el lugar de los amores entre flores y hierbas, rodeado de árboles y cocoteros. Para muchos, fue el sitio donde experimentaron el dulce néctar del placer, para otros, donde fueron concebidos. Con el tiempo, Villa Cariño se transformó en un recuerdo lejano, un refugio perdido en los pliegues de la memoria colectiva ñembyense. El barrio prosperó y los yuyales cedieron paso a nuevas construcciones y calles empedradas. La vida siguió su curso, llevándose consigo los susurros de los amantes clandestinos.

Freddy Ovelar

Fotografía: Jorgelina Valiente

Tapé poí culebreando entre matorrales. Cerro Guy – Ñemby

EL CRIMEN DE LOS NARANJOS: UNA HERIDA INDELEBLE EN LA MEMORIA DE ÑEMBY

Noticias

Por Freddy Ovelar

Eran aproximadamente las 19:30 del lunes 17 de agosto de 2009 cuando el destino de la familia del comisario Edgar Salcedo, del barrio Los Naranjos de Ñemby, cambió para siempre. En esa fatídica noche, un intruso irrumpió en su hogar, forzó la puerta y se deslizó sigiloso hasta el dormitorio donde descansaban las hermanas Yanina (19) y Larissa (16). Sin piedad ni compasión, las roció con un líquido inflamable, lo que provocó un incendio que envolvió a las jóvenes en llamas. Los desgarradores gritos de las jóvenes alertaron a su madre Norma Pastor de Salcedo (42), quien salió de la cocina solo para encontrarse con una gran explosión. En medio del horror y el dolor, las tres mujeres lucharon por su vida, saliendo a la calle envueltas en llamas y suplicando por ayuda. Los hijos menores del comisario y su madre, quienes se encontraban en otra habitación, lograron escapar de las garras del fuego antes de que los alcanzara. Efectivos policiales, bomberos y vecinos acudieron a la vivienda para socorrer a las víctimas y extinguir el incendio. Sin embargo, la tragedia ya había dejado su marca indeleble. Larissa murió en el lugar, mientras que Yanina y su madre fallecieron horas después en el Hospital del Quemado. El triple asesinato conmocionó a Ñemby y al país entero debido a la brutalidad del crimen; los medios nacionales e internacionales le dieron amplia cobertura al caso.

MUESTRAS ENVIADAS AL FBI

Las muestras recogidas en el lugar y de las víctimas fueron enviadas a laboratorios del FBI para su análisis. Aunque los vecinos describieron el momento complicado que se vivió en el barrio después de escuchar dos grandes explosiones, los resultados de los análisis descartaron la hipótesis de un atentado con bomba, ya que no se encontraron residuos ni derivados de TNT u otro tipo de artefacto explosivo. Sin embargo, estos elementos sí demostraron que el incendio fue provocado, ya que se encontraron restos de hidrocarburos en el tejido de Yanina que funcionaron como acelerantes del fuego. Los investigadores determinaron entonces que las explosiones dentro de la vivienda se debieron a estallidos de electrodomésticos. Es importante destacar que el fuego se propagó por toda la casa.

VENGANZA DE NARCOTRAFICANTES

Aunque el caso nunca fue esclarecido, inicialmente se sospechó de un atentado perpetrado por grupos organizados relacionados con el narcotráfico. Esta hipótesis se basaba en el hecho de que unos días antes del incidente, los comisarios Ramón y Edgar Salcedo habían confiscado alrededor de 10 kilos de cocaína provenientes de Bolivia en la región del Chaco. En aquellos días también se rumoreaba que miembros de la policía que colaboraban con grupos mafiosos estaban involucrados en el hecho, lo que llevó a la destitución del entonces comandante de la Policía, comisario Viviano Machado. A pesar de ser un horrendo crimen que afectó a la familia de un alto mando policial, el asesinato se sumó a la lista de crímenes sin resolver en nuestro país. Nunca se identificaron a los autores materiales ni intelectuales del crimen.

VIDA INJUSTA. Hay sucesos que dejan profundas cicatrices en la memoria colectiva. El crimen de Los Naranjos es uno de ellos. Honramos la memoria de nuestras jóvenes vecinas ñembyenses, quienes tenían toda una vida por delante.
A metros del centro de la ciudad se encuentra la casa que habitaron los miembros de la familia Salcedo. Debido a las obras de reforma que la acometieron recientemente, poco queda de lo que fue la casa originalmente. Es difícil olvidar el relato de los hechos que ocurrieron allí, pero según cuentan los vecinos, el comisario Edgar Salcedo consiguió venderla hace algunos años.
MÁS ALLÁ DE LOS NARANJOS. Medios nacionales e internacionales se hicieron eco del horrendo crimen de Los Naranjos.

SENSUALES FRUTILLAS, CON LA DULZURA DEL SUELO ÑEMBYENSE

Noticias

Un lujurioso vivero cubierto por túneles que protegen el florecimiento y la maduración de esta sexy fruta, la vedete de la estación invernal, se encuentra en el barrio Florida, justo detrás del club Cristóbal Colón de Ñemby. Allí trabajan Marcelo Vera y sus ayudantes, nuestros frutilleros criollos. “Hasta hace 4 meses yo trabajaba normalmente en el negocio de las canchas sintéticas, pero con la llegada del coronavirus las cosas cambiaron y tuve que reinventarme. Comencé con el proyecto de las frutillas en el mes de Mayo, comprando 25.000 plantines de los productores de Caacupé. Invertí cerca de 60 millones de guaraníes en la preparación de suelo, compra de plantines, cañerías para riego, fertilizantes y fumigación. Invertí mucho, pero espero vender unas 20 toneladas”, me comenta Marcelo. Al caminar entre los liños de frutos tentadores, llamativos por su color rojo chicle, me cuido de no pisar los delicados plantines en flor. Mientras tomo algunas fotos, veo a un trabajador cosechar las frutillas en un canasto de mimbre, y los estrépitos que hace el viento a un artilugio hecho con envases de plástico, que sirven para ahuyentar a los pájaros. “La fruta cuesta entre 30.000 y 35.000 guaraníes el kilo-sigue diciéndome Marcelo-.Estoy dando mis primeros pasos en la plantación de frutillas, y me va bien. De cada plantin recojo cerca de 1 kilo de frutillas, y todo lo que cosecho se va enseguida”. Para los que tienen antojo del sensual sabor de las frutillas ñembyenses, irresistiblemente dulces y jugosas, el número para hacer pedido es el (0971) 556-809.

Freddy Ovelar

Un joven trabajador cosecha las frutillas en un canasto de mimbre
Las sensuales frutillas ñembyenses, que crecen en el barrio Florida
Las frutillas ñembyenses son irresistiblemente dulces y jugosas
Al caminar entre los liños de frutos tentadores, llamativos por su color rojo chicle, me cuido de no pisar los delicados plantines en flor.
Con su sensual sabor, la sexy frutilla es la vedete de la estación invernal