MUCHO GUSTO CAÑADITA

Cultural

Soy Cañadita, un lugar en el mapa de Ñemby donde el espíritu de sus primeros habitantes aún corre por sus venas. Podrán atravesarme asfaltos y empedrados, pero el soplo infinito de los vientos tiembla en el silencio de mis bosques, cortados por agrestes caminos y suaves arroyos. Soy de arenas doradas, porque llevo la piel y los ojos azules de los arios. Soy tranquilo, como un paisaje de campiña, y huelo a panes recién horneados. Existo en el sur, debajo de los barrios ñembyenses; pero sobre ellos esplendo, y soy hermoso.

Texto y fotos: Freddy Ovelar

Las margaritas del campo (Agosto Poty), irradian color en los bosquecillos encantados de Cañadita. ¡Una joya del arte natural en los suburbios de Ñemby!
Hay áreas del barrio Cañadita que se parecen a las de una aldea soñolienta, con eucaliptos y caminos de tierra.
Camino rural ñembyense
Las hojas se mecen en la encantadora paz de esta laguna, ubicada en el predio de la ex olería de Cañadita.
Solitaria vaca pastando en las hierbas que crecen en la campiña cañaditense
En un sector de este arroyo de Cañadita, el barranco y las tupidas plantas oscurecen el curso del agua.
Bahía de arroyo tranquilo, entre las plantas de un dulce bosquecillo.
En Cañadita hay muchas cosas que me devuelven al pasado, como esta carreta destartalada que encontré en el borde de un camino. Sus ruedas que una vez chillaron al andar por los rudos caminos ahora están quietas bajo las sombras de un árbol. La carreta ñembyense nunca más volverá a rodar, pero ahora es una reliquia. Ojalá la Municipalidad de Ñemby pueda interesarse en ella y adquirirla. Sería bueno restaurarla y exponerla en el cerro para mostrarles a las nuevas generaciones una estampa del Ñemby que se fue.
Puente rustico hecho de cemento y hierro que cruza un arroyo de Cañadita.
Cuando los ruidos se adormecen en la campiña, se eleva el murmullo de los arroyos.
Los innumerables arroyitos cañaditenses relucen como vinchas de plata.
De día, los arroyitos resplandecientes iluminan los boscajes de Cañadita, como las estrellas el cielo de la noche.
Carrito reciclador en los suburbios de Cañadita
Un icono del barrio, la siempre amada escuela Paz del Chaco. Fotos y nombres de maestras, compañeros y amigos (y también de las primeras gustadillas) salen del baúl de los recuerdos, de los años de la infancia. ¡Qué preciosa está!
Ícono del barrio, el ponderado club Teniente Fariña, el club más hermoso del mundo. Al mirar esta foto, no solo surgen recuerdos de épicos partidos y logros, y de nombres de grandes futbolistas que pasaron por él, sino también de encuentros bailables, de cenas, de socialización. ¡La romántica Cañadita es sinónimo de Teniente Fariña!
Cuadro en amarillo brillante. No es un óleo de Van Gogh, es una vista de las margaritas del campo (Agosto Poty) del barrio Cañadita. ¡Preciosa imagen!
La capilla San Juan Bautista es otro ícono del barrio, fuente de esperanza para la comunidad.
Al fin, los caminos transitados cedieron lugar a los caminos terrosos rodeados de árboles y casas tranquilas.
Cuando entras en el barrio, lo primero que ves es la capilla Inmaculada Concepción de María. La torre de la capilla es blanca, brillante y llega hasta el cielo. ¡Es una postal perfecta de Cañadita!

UN MYKURÉ`Í NOS VINO A VISITAR

Curiosidades

Paseando con mi nieto en el fondo de casa, encontramos un pequeño intruso temblando entre las hojas caídas. No tardo en darme cuenta de que se trata de una zarigüeya, es decir, de un mykuré. Mi nieto en un instinto se echa atrás y me agarra, pero yo trato de explicarle que ella es inofensiva y que solo está buscando comida, quizá las chirimoyas maduras de nuestro patio, porque también las frutas hacen parte de su dieta. El pequeño animalito se encuentra lejos de su casa y de su mamá y no representa ningún peligro para nosotros, le sigo diciendo a mi nieto, él es un animal que tenemos que proteger y conservar, pues ellos son útiles alimentándose de ratas y dispersando semillas, contribuyendo al control biológico de las plagas. Casi de inmediato el mykuré bebé se gana el cariño de mi nieto, quien ansía alcanzarlo para jugar con él, pero el pequeño mykuré por instinto gruñe y se aleja. Mi nieto y yo disfrutamos viéndolo perderse entre los matorrales, quizá yéndose a buscar a su mamá en el bosque cercano. Mi nietito y yo le decimos adiós con la esperanza de que pronto la encuentre. Chau mykuré, chau.

Freddy Ovelar

El pequeño mykuré gruñe ante nuestra presencia

EL ÑEMBY QUE SE FUE – LA TERMINAL DE ÓMNIBUS DE LA LINEA 18

Historia

A mediados de la década de 1980, la empresa de transporte «29 de setiembre Boquerón», línea 18 Pytaí, inauguró su terminal en el microcentro de Ñemby, marcando un hito en la comuna por el progreso que representaba, así como por unificar las salidas de los colectivos hacia diversos puntos de los barrios, ciudades cercanas y la capital. Los que ya no somos tan jóvenes recordamos que en aquella terminal, que también era un centro comercial, los pasajeros debíamos cambiar de boleto para realizar transbordos y esperar para abordar nuestra unidad. Aprovechábamos el tiempo para pasear por los pasillos, comprar un helado en alguna tienda, adquirir un «Beldent» o un «Halls» del chiclero Babalú, cortarnos el pelo en la peluquería de Ruiz, disfrutar de los juegos electrónicos, ver televisión en el bar e incluso «novillear» si se presentaba la oportunidad. Muchos de nosotros recordamos la multitud de pasajeros en el patio, especialmente durante las horas pico, esperando la llegada del autobús. Cuando este se acercaba rápidamente por el túnel, los viajeros se abalanzaban sobre él, en un frenesí caótico y a trompicones. Y cómo olvidar las canciones tropicales que resonaban en el aire, el bullicio de los pájaros posándose en las copas de los árboles durante las tardes, y los gritos de los conductores anunciando destinos como «¡Rincón!», «¡La Lomita!» o «¡Caaguazú!». Hacia finales de 1990, lamentablemente, la gestión deshonesta e irresponsable de los directivos de la empresa provocó el colapso de la línea 18 y de la Terminal, lo que resultó en su desaparición. Con el paso del tiempo, la cadena de supermercados Gran Vía construyó su primera sucursal sobre las ruinas de lo que fue nuestra única y querida terminal de autobuses. La terminal se ha ido, ya no existe, pero nuestros recuerdos no han muerto con ella.

Texto de Freddy Ovelar

Edición y Archivo: Fernando Ovelar

Desafortunadamente, se conservan muy pocas fotos de la desaparecida terminal de la línea 18. Esta toma fue hecha por una cámara de bolsillo en el año 2.000, por Freddy Ovelar, y pertenece al archivo de El nuevo paraguayo. En ella se aprecia el extinto supermercado DyC, a la izquierda, la parada de taxi en el centro y un recodo de la desaparecida Terminal de ómnibus a la derecha.
El 27 de diciembre de 1983, la empresa que dirigía la Línea 18 añadió al servicio de transporte el servicio comercial, muy demandados entonces por los ciudadanos ñembyenses. En esta toma, se aprecia el centro comercial de la Terminal y sus pasillos, que en su época eran muy transitados no solo por los viajeros, sino también por aquellos vecinos que iban al lugar para hacer compras o entretenerse. Año posible de la toma: 1988. De Ovidio Mendieta.
Por este portón, salían los colectivos que se iban a Asunción. En la margen izquierda, nótese el abastecedor de combustible de la empresa.
El pueblo llamaba a este lugar «La Terminal». Esta toma fue hecha por una cámara de bolsillo en el año 2.000, por Freddy Ovelar, y pertenece al archivo de El nuevo paraguayo. En ella se aprecia un patio ya abandonado por la empresa, pero arreglado para albergar al primer local del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Ñemby.
Chóferes llegando a la Administración de la empresa para rendir la recaudación del día. Año posible de la toma: 1988. De Ovidio Mendieta.
El taller y la gomería funcionaban en el predio de la Terminal, que tenía un área de 1.000 metros cuadrados. Acá los trabajaos nunca paraban. Año posible de la toma: 1988. De Ovidio Mendieta.
Agradecemos la gentil colaboración de Ovidio “Increíble” Mendieta, ex chofer de la línea 18, para la publicación de esta nota. En esta foto, aparece él junto al único bus Toyota que tuvo la empresa. En el fondo, se observa la seccional colorada de Ñemby.

EL ÚLTIMO AGRICULTOR DEL CERRO ÑEMBY

Noticias

Muy pocos saben hoy que en las laderas del cerro Ñemby existían agricultores que cultivaban productos agrícolas como maíz, mandioca, porotos, sandías, y otros. Modesto Centurión tiene el honor de ser el último de ellos. Don Modesto vive a los pies del cerro y a pesar de ser ya un hombre viejo, mantiene el temple para cuidar su pequeña chacra, su auténtica pasión. Mientras observamos la incomparable vista del valle ñembyense y los paisajes de los barrios Caaguazú, Cañadita y La Lomita extendiéndose a lo lejos, don Modesto nos cuenta que gestionó el permiso para cultivar en el cerro con la arrendataria de entonces, la Concret-Mix., y que nunca pretendió lucrar con la agricultura, sino destinarla como complemento a la subsistencia familiar. Comenzó a cultivar en el año 1987 aprovechando sus tiempos libres, y desde entonces no paró más. “Los vecinos venían a pedirme mis productos, a veces los vendía para hacer mis extras, pero otras veces los regalaba si es que me sobraba”, nos comenta en guaraní. Por motivos diversos, las labores agrícolas en el cerro Ñemby se fueron abandonando, pero ahora, con la construcción de la muralla alrededor del cerro, don Modesto presiente el ocaso final del trabajo que le gusta hacer. “Está muy bien que se haga la muralla. De esta manera el cerro estará a salvo de los posibles invasores y supuestos sin techo”, nos dice en nuestro dulce idioma. El futuro perímetro amurallado impedirá al agricultor seguir usufructuando la ladera para sus cultivos, pero don Modesto Centurión, que ahora recuerda con nostalgia aquellas cimas cubiertas de dorados maíces, pasará a la historia como el último agricultor del cerro Ñemby.

Freddy Ovelar

Encontré a don Modesto Centurión sembrando poroto en su kokué
Sembrado de maíz recién brotado del agricultor ñembyense
Don Modesto Centurión tiene el privilegio de vivir justo a los pies del Cerro Ñemby. ¡Cuánta envidia!

¿QUIÉN PROTEGE LOS TESOROS URBANOS DE ÑEMBY?

Cultural

Estamos tirando abajo las casas antiguas en Ñemby. Con el pasar de los años, hemos visto impotentes la demolición de las viejas casonas del centro histórico y la construcción en su lugar de verdaderas aberraciones urbanísticas. Las obras tangibles del siglo XX nos han dejado nuestros antepasados y constituyen nuestro patrimonio arquitectónico. Precisamente, el término «patrimonium» deriva del latín y significa “lo que viene de los padres”. Cada municipio tiene el deber de proteger su patrimonio histórico, y en cada ciudadano está conocerlo, valorarlo y conservarlo para transmitirlo a su vez a las siguientes generaciones. Desde luego que las nuevas construcciones le dan un aire moderno a la ciudad, pero los edificios antiguos le dan un aire de cultura, y de esa mezcla (modernismo-cultura) deriva la sofisticación de la que se enorgullecen las ciudades más importantes del mundo. No está mal que el progreso avance, siempre y cuando las construcciones para extender las zonas comerciales no apunten necesariamente a las casonas viejas. No está mal tampoco que las casonas viejas se conviertan en comercios, siempre y cuando se respete su estructura original. Pero, ¿existe una ordenanza que protege los edificios antiguos en Ñemby? Para saberlo, nos pusimos en contacto con el director de Cultura de la Municipalidad de Ñemby, Leandro Ocampos, quien dijo que efectivamente existe una Ordenanza, la Número 15/10, pero que solo protege 4 inmuebles patrimoniales específicos, entre los que se destacan La Casa de la Cultura, el templo de la Iglesia y el cerro Ñemby. Estamos afrontando el reto de evitar la desaparición total de nuestras edificaciones antiguas en Ñemby, y para lograrlo es de vital importancia definir una ordenanza que prohíba derribarlas y hacer refacciones que afecten su aspecto; además, es necesario realizar un catálogo con las que quedan todavía y hacerles un seguimiento y evitar su deterioro y vigilar su conservación. La conservación es sinónimo de civilización, y las personas civilizadas son respetuosas de su historia, los civilizados están orgullosos de su cultura y de quienes vivieron en su comunidad antes que ellos. A nosotros nos toca vivir en una etapa crucial: está en nuestras manos diseñar el futuro de la ciudad. El más leve de nuestros actos repercutirá en las siguientes generaciones, y por eso desde El nuevo paraguayo instamos a las autoridades municipales a tomar al toro por las astas en materia de protección, y a la ciudadanía a estar alerta para resguardar lo poco que queda de nuestros patrimonios históricos.

Freddy Ovelar

CASA VIEJA EN LAS CERCANÍAS DE REAL II DE ÑEMBY. No está mal que el progreso avance, siempre y cuando las construcciones para extender las zonas comerciales no apunten necesariamente a las casonas viejas. No está mal tampoco que las casonas viejas se conviertan en comercios, siempre y cuando se respete su estructura original.Fotografía de Freddy Ovelar.
ANTIGUA VIVIENDA UBICADA AL COSTADO DEL NUEVO SUPERMERCADO REAL DE ÑEMBY.. El vulgar pintarrajeo que le hicieron sus inquilinos terminó por anularle su aspecto clásico. Fotografía de Freddy Ovelar
CASA VIEJA DEL CENTRO DE ÑEMBY. En Ñemby no hay ninguna ordenanza respecto a la protección de los edificios antiguos. Fotografía de Freddy Ovelar
CASA DEL CENTRO DE ÑEMBY. Nótese la rajadura en la pared de este viejo caserón semi-destruido y abandonado en el centro de la ciudad. Fotografía de Freddy Ovelar.
VIEJA CASONA EN BARRIO FLORIDA, SOBRE ACCESO SUR. Casa que mantiene su estilo clásico, un verdadero tesoro invaluable. Fotografía de Freddy Ovelar
CASA DE PABLINA BOGARIN. La demolición de los edificios antiguos pone en peligro los tesoros de nuestra historia, y un pueblo sin historia es un pueblo sin identidad. Fotografía de Freddy Ovelar
VIEJA CASONA CON CORREDOR JERÉ, DE PABLINA BOGARIN. SOBRE LA RUTA ACCESO SUR.Fotografía de Freddy Ovelar

¡FELIZ CUMPLEAÑOS ÑEMBY!

Editorial

Los ñembyenses estamos de cumple. Hoy hace 121 años que somos ciudad, que somos autónomos, que valoramos nuestras tradiciones, que cuidamos nuestras magias y bellezas incomparables. Este año no podemos organizarnos una fiesta, pero sí podemos imaginar que hacemos un brindis en la cumbre de nuestro cerro, nuestro patrimonio más preciado, la esencia que nos hace hermanos. ¡Felicitaciones a todos los ñembyenses!

LAS CHICAS Y CHICOS DE LA TERCERA EDAD DE ÑEMBY, TE SALUDAN

Noticias

Los chicos y chicas de la tercera edad de Ñemby, te saludan. Alegres, amables, cálidos. Te prueban que la alegría no envejece, ni se pudre como la carne y los huesos. No han perdido la chispa de la vida, ni la jovialidad. Son viejos jóvenes. Personas de juventud acumulada, como dicen, sanos mentalmente al cien por cien. Lo demuestran en su carisma y en sus risas. Ríen como aceptando humildemente las limitaciones que llegan con los años. Ríen porque están en paz y son valientes. ¿No se necesita acaso mucho valor para reconocer que se está envejeciendo ? Ríen porque saben que la vida es un regalo por el que tienen que agradecer día a día. Se reúnen en el Centro Comunitario Cerro Poty, del barrio Caaguazú, cada vez que pueden. Porque, aunque existen ocasiones en las que los achaques de la edad los dejan en cama o simplemente desean estar solos, es estar en compañía lo que los motiva y los complace. Hablando un poco con ellos sabemos que son de escasos recursos, con hijos y nietos ya grandes. Cuentan historias de carencias, de lágrimas y sonrisas, de éxitos y fracasos, como las de cualquiera. Nadie es perfecto. Si bien muchos de ellos no tuvieron una vida muy buena y son aislados por sus familiares (un aspecto que vulnera a las personas de edad es no tener un apoyo dentro del hogar), tienen, eso sí, la fortuna de llegar a la edad a la que muchos no llegaron -ni llegarán-.

Vieron muchos amaneceres. Comieron mucho. Farrearon mucho. Experimentaron cosas loquísimas. Se los estigmatiza y se los condena a la marginalidad, pero la gente piensa mal; el envejecimiento no es una enfermedad sino algo que nos ocurre a todas las personas. Todos estamos envejeciendo en este momento, tengamos 9 o 90 años. El cuerpo humano está preparado para durar 120 años, pero comenzamos a deteriorarnos a partir de la treintena. Desgastarnos es parte de la vida; perder la vitalidad es la ley. El tiempo pasa y las personas crecemos, maduramos, envejecemos, morimos.

Los chicos y chicas de edad están agradecidos por poder contar con una institución como la de Cerro Poty que se interesa por ellos; el Centro contribuye a generar un mayor bienestar en sus vidas. Aquí pueden compartir con personas de su misma edad que los escuchan y animan; pasar un buen rato cuidando una huerta, recordar anécdotas, picar algo alimenticio, bailar una polka, incluso realizar actividades físicas; disfrutar de lo que todavía pueden hacer y no quejarse de lo que ya no pueden hacer. El propósito es romper el estereotipo de una vejez pasada en solitario o recluida en una habitación. Estadísticas indican que el sentimiento de felicidad de un adulto mayor crece al convivir con otros adultos mayores. Vivir en soledad pesa mucho, sobre todo en la vejez. El que vive solo es infeliz.

No podemos evitar mirarlos sin evocar sus tiempos mozos. Cuando eran la vigorosa temple de nuestro suelo y forjaban el destino de nuestro distrito, ya sea como agricultores, arrieros, obreros de cantera, albañiles, amas de casa, costureras, plantadores de rosas (¿quién no se acuerda de aquellos idílicos rosales que hermoseaban las laderas del cerro Ñemby?). Robustos héroes de tiempos idos. Teodora Torres de Cantero es la primera presidente y mamá guazú del Centro comunitario. A pesar de haber dejado la presidencia y renunciado a la Comisión Directiva de Cerro Poty en el año 2009, ella sigue siendo su principal fuerza realizadora. En los momentos más difíciles ella supo sostener el Centro con uñas y dientes. Lejos de rendirse se plantó en su lucha en pos del bienestar de los abuelos. Pero no solo eso; se las ingenió para adquirir un terreno y construir allí una millonaria edificación que hoy es modelo para otros albergues de su tipo en Central y en el Paraguay. Ella es tranquila y amigable, ha aprendido a escuchar a los abuelos para saber cómo están o conocer sus problemas. Ella es feliz compartiendo con ellos, procurándoles sus medicamentos, acompañándolos periódicamente a sus consultas médicas, proveyéndoles sus almuerzos, creando para ellos un ambiente de cariño y afecto. Incluso a los que no pueden acudir al Centro Ña Teodora es incapaz de dejarles sin almuerzo: les hace llegar a sus hogares. Una labor humanitaria encomiable que no tiene parangón en la historia de Ñemby.

Ña Teodora, como la conocemos, es la incansable golpeadora de puertas, la organizadora de polladas, la emprendedora de diversas actividades necesarias para alcanzar el presupuesto. Porque los viejitos son comilones y tienen sus gastos, al igual que las instalaciones del Centro. Con fuerza de hierro y batallando con los directivos ha ayudado a aplacar las grandes carencias y sobre todo las grandes deudas que tiene el estado paraguayo con las personas mayores, particularmente en materia de alimento y salud. De esas leyendas vivas, estamos hablando. Tal vez no la levanten un monumento, pero las personas mayores que ella atendió con amor y sus familias, y los buenos vecinos, la agradecerán por siempre.

De una cosa nos dimos cuenta al visitar a los chicos y chicas viejunos del barrio Caaguazú; y es que no visten de cualquier manera cuando van al Centro. No es que presuman, pero allí los encontramos bien churros, como preparados para una fiesta; chicas arregladitas, con las uñas pintadas, bien peinadas, empolvadas, maquilladas como en el día de su boda. Mirándolos así, podemos entender que envejecer no solo se asocia con cosas negativas, como las arrugas, como el cansancio, como los achaques, sino también con la dignidad. Saber adaptarse sin perder las formas; uno sigue siendo persona aunque esté viejo. Al final, la actitud es lo que cuenta. La próxima vez que abracemos a nuestros abuelos pensemos también en los otros abuelos que tenemos en Cerro Poty. ¿Tendrán algo para comer hoy? ¿Se sentirán mal porque no tienen para comprarse un medicamento? Seguro no nos costará nada pasar a saludarles y ver cómo están, y de paso darle una manito a Ña Teodora y su gente. Por recompensa, obtendremos el más sincero agradecimiento que podamos escuchar en nuestra vida: “¡Que Dios se lo pague che memby!”.

Texto: Freddy Ovelar

Fotografía: Angélica Ovelar

Asociación Cerro Poty, Barrio Caaguazú. Vivir rodeado de amigos resulta más atractivo en los últimos años de la vida.
Asociación Cerro Poty, de Ñemby. Los chicos y chicas de edad están agradecidos por poder contar con una institución como la de Cerro Poty que se interesa por ellos; el Centro contribuye a generar un mayor bienestar en sus vidas. Aquí pueden compartir con personas de su misma edad que los escuchan y animan; pasar un buen rato cuidando una huerta, recordar anécdotas, picar algo alimenticio, bailar una polka, incluso realizar actividades físicas; disfrutar de lo que todavía pueden hacer y no quejarse de lo que ya no pueden hacer.
En la vejez los amigos son más importantes que la familia
La pequeña huerta en la que se mantienen en actividad los abuelitos
Ña Teodora, campeona incansable de Cerro Poty, preparando el almuerzo del día
Centro de Adultos Mayores Cerro Poty, barrio Caaguazú