El término pesebre proviene del latín “praesēpe” y significa “recipiente de la comida de los animales”. Según la Biblia, el lugar donde nació Jesús era un establo en donde había animales, especialmente asnos. Tras el nacimiento del Mesías, la Virgen María depositó a éste en el comedero de los animales (pesebre) convirtiéndolo así en la cuna del bebé. Al respecto, el relato de San Lucas dice: “Y María dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”. Pero, ¿quién fue el primero en hacer un pesebre? Fue Giovanni di Pietro, conocido posteriormente como San Francisco de Asís, el santo de los humildes, quien en la nochebuena del año 1223 decidió realizar una recreación del Misterio del Nacimiento con actores y animales reales, en una cueva cercana a la localidad de Greccio (Italia). Desde entonces, los monjes de la orden franciscana lo convirtieron en una tradición navideña realizando la representación anualmente; con el tiempo, esa tradición se transfirió a las familias y la representación del nacimiento de Jesús comenzó a hacerse en los hogares y los actores fueron reemplazados por figuras de madera, cera, barro o cartón. El papa Francisco, en un documento publicado en 2019, exhortaba a continuar con la tradición del pesebre: “Quiero alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el Belén (pesebre), como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas. Espero que esta práctica nunca se debilite; y confío en que allí donde hubiera caído en desuso, el pesebre sea descubierto nuevamente y revitalizado”, decía el sumo pontífice. En estos días, es común ver en el frente de muchos hogares ñembyenses brillando casitas que hacen de establos, en las que resaltan las figuras de la Virgen María, San José y el niño Jesús, y en las que no faltan la flor de coco, la sandía, la piña, el melón, todo ingeniosamente adornado con globos, luces, sapos, cerditos pintados, ángeles y elementos rústicos, siendo muchas de ellas hermosas obras de arte. Aunque las escenas de los pesebres son únicas y originales y son presentadas desde diferentes perspectivas económicas y culturales, en el fondo tienen el mismo espíritu porque cuentan la misma historia: el nacimiento del niño Jesús en un pesebre. Si bien en la ciudad se perdió la tradición de visitar el pesebre del vecino, aún quedan en los barrios personas que la mantienen viva. En estos lugares los dueños de casa reciben a sus visitas con un pedazo de sopa paraguaya, o un vaso de clericó bien frío. Deseamos que esta linda práctica, que muchos ñembyenses la disfrutamos de niño, no se pierda nunca.
Freddy Ovelar


