Historia

PRESIDIO SAN ANTONIO DE LA FRONTERA

Por Freddy Ovelar

El fuerte San Antonio, ubicado en Costa Abajo del río Paraguay, fue uno de los principales puntos defensivos de la provincia durante la época colonial. Aunque se le llamaba «presidio», no era una prisión, sino un cuartel de vigilancia pensado para proteger la población de Ñemby o La Frontera de las incursiones de indígenas chaqueños considerados “enemigos irreconciliables», como los guaicurúes.

Toponimia

El presidio tomó su nombre de San Antonio, siguiendo la tradición colonial de nombrar estos fuertes en honor a santos. Muchos de los antiguos presidios en Paraguay llevaban nombres de santos, como San José, San Miguel, San Sebastián, San Roque, San Marcos, San Agustín, San Gerónimo, Santa Rosa, Nuestra Señora del Rosario (en la actual Lambaré), Santa Bárbara, San Carlos, San Buenaventura, San Fernando y, por supuesto, San Antonio. También existieron fuertes con nombres en guaraní, tales como Tobatí, Mandubirá, Maynumbí, Urundey y Añagatí. Además, se encontraban otros con nombres en castellano, como El Fortín, Castillo, Villa Nueva, Borbón, Formoso y Angostura (García Riart, 2021).

Ubicado en la extensa región de La Frontera o Ñemby y con el propósito de defender esta área, el presidio fue conocido como San Antonio de La Frontera. En realidad, hasta la fundación de Villeta en Guarnipitán en 1714, esta región de La Frontera o Ñemby contaba con tres fuertes: el de Nuestra Señora del Rosario (Lambaré), el de San Antonio y el de Santa Rosa de Cumbarity.

Los presidios funcionaban como fortines de defensa y no como lugares de residencia, ya que, por motivos de seguridad, no se permitían asentamientos en sus alrededores. Tampoco eran, como lo afirma el historiador Gustavo Laterza, cabeceras de territorio ni poseían jurisdicción política, ya que su propósito era exclusivamente militar y defensivo (Laterza, 2004). Por ejemplo, la guarnición de San Agustín de Arecutacuá, que era muy numerosa, se encontraba muy lejos de cualquier villa o zona habitada (Corral, 2014).

Orígenes y construcción (1677-1679)

Después de la conquista, los indígenas del Chaco, especialmente los guaicurúes, se volvieron expertos jinetes al aprender a montar caballos que robaban. Con el tiempo, llegaron a ser temidos por sus habilidades y atacaban tanto las estancias del Chaco como las de la región Oriental, en la orilla izquierda del río Paraguay. En especial, causaban estragos en Ñemby o La Frontera, donde había abundante ganado y numerosas chacras. Aprovechaban las épocas de caudal mínimo del río Paraguay para cruzar y realizar incursiones, durante las cuales se robaban cosechas y producían muertes de adultos y secuestros de mujeres y niños (Viola, 2002).

Para defender la región Oriental de estos ataques, la provincia fundó diversos presidios, fuertes y poblaciones en las inmediaciones del río Paraguay. Con la construcción de estos fuertes, se impuso también la obligación del servicio militar obligatorio y gratuito a los habitantes, quienes debían proteger los presidios en turnos rotativos. En 1677, se inició la construcción del presidio San Antonio de La Frontera y del presidio Santa Rosa de Cumbarity. Pero la finalización del presidio San Antonio se fue retrasando, y en 1679, dos años después, el fuerte aún no estaba completo. En un documento de la época transcrito por Alfredo Viola, se menciona: «Se está por acabarse el fuerte que se está abriendo en San Antonio de La Frontera y (se necesitará) de algún ganado vacuno para el sustento de los indios que en él trabajan, para su conclusión será necesario socorrerles con veinte cabezas de dicho ganado» (A.N.A. Col. de Copias de Actas del Cabildo de Asunción Vol. 13, 27/XI/1679) (Viola, 2002).

Al revisar las obras de Alfredo Viola y otros estudios sobre los presidios del Paraguay, no hemos encontrado en ninguna parte una fecha de fundación que indique que el fuerte San Antonio haya sido fundado el 2 de noviembre de 1677. Esta fecha figura incluso en la página oficial de la Municipalidad de San Antonio y es repetida por algunos charlatanes que se hacen pasar por historiadores o supuestos estudiosos de la historia de San Antonio. Lo que sí aparece en la referencia mencionada por Viola —Sección Copias de Actas del Cabildo, Vol. 11, Folio 684, 2-XI-1677— no es la fundación de un fuerte, sino un petitorio para establecer dos poblaciones (es decir, pueblos, no presidios): una en la región de Tapuá, la actual Limpio, y otra en Guarnipitán. Esta última sería efectivamente fundada años después y corresponde a la actual Villeta. En estos momentos nos encontramos gestionando la transcripción completa de ese documento original con la ayuda de un profesional paleógrafo y financiado de nuestro propio bolsillo, con el fin de esclarecer definitivamente esta cuestión histórica.

Condiciones estructurales y críticas (1747)

Las primeras construcciones de estos presidios, incluido el San Antonio, eran rudimentarias. Contaban con techos de paja y karanda’y y paredes de tacuara embarradas (estaqueo), rodeados de “palos en bruto clavados en la tierra”. En 1747, el obispo José Cayetano Paravicino, tras visitar estos presidios, los criticó por su debilidad estructural. En una carta al rey, Paravicino describió estas edificaciones como “chozas cubiertas de paja” que se arruinarían en poco tiempo, y acusó al gobernador de exagerar los méritos de sus construcciones (Telesca, 2009) (Viola, 2002). No fue sino hasta finales del siglo XVIII que comenzaron a proyectarse fuertes permanentes, construidos en piedra, como San Carlos del Apa y el fuerte Borbón (actual Fuerte Olimpo). Este modelo llegó al Paraguay gracias a demarcadores de límites como Félix de Azara y Juan Francisco Aguirre, quienes también actuaron como ingenieros voluntarios (García Riart, 2021).

A pesar de las críticas, el presidio San Antonio de La Frontera se mantuvo en pie gracias a posteriores refuerzos y al esfuerzo de sus ocupantes. Las estructuras se reparaban con frecuencia debido a su corta vida útil (Viola, 1998). Las fortificaciones eran muy susceptibles a incendios, como los ocurridos en el año 1702 o 1703, cuando los presidios San Antonio y Santa Rosa fueron incendiados por los indios durante el gobierno de Don Antonio de Escobar y Gutiérrez. Este tipo de ataques hizo necesaria una reconstrucción constante del presidio (Viola, 1997) (Viola, 1998).

Desafíos de defensa y organización militar (Siglo XVIII)

En 1745, el presidio San Antonio contaba con una guarnición de 123 hombres. Esta cantidad de soldados era ligeramente inferior a la de Santa Rosa de Cumbarity en Villeta, que tenía 124 efectivos, y algo menor en comparación con otras plazas como la de Arecutacuá con 180 soldados, Santa Bárbara con 169 y Angostura con 140. Por otro lado, era significativamente menor que la Plaza de San Fernando de Tierucuarí, que albergaba 304 hombres, y Manduvirá, con 258 efectivos. No obstante, San Antonio tenía una dotación mayor que la de los presidios del Castillo con 112 guardias, Lambaré con 74, San Miguel con 75, y Tentidero con solo 72 efectivos. Asunción, como capital, mantenía una fuerza considerable de 315 efectivos organizados en 13 compañías. En toda la provincia, un inventario del mismo año de 1745 muestra que las fuerzas de milicias sumaban 2.293 hombres en total, con 1.017 soldados armados con armas de fuego y 1.275 lanceros (Viola, 2002) (Viola, 2004).

En 1747, los presidios empleaban a unos 2.508 soldados, en un contexto en el cual la población de los pueblos españoles cercanos rondaba las 5.872 familias. Esto significaba que casi uno de cada dos «cabeza de hogar» debía prestar servicios en los presidios de defensa, sin recibir pago alguno. Los guardias no solo debían cubrir sus propias necesidades de armamento, sino también llevar su propia comida, lo cual representaba una carga económica para ellos y sus familias. Esta obligación de servicio militar sin compensación generaba pobreza en la comunidad y afectaba también al país, ya que muchos hombres tenían que dedicarse al cuartel en lugar de trabajar en sus actividades habituales (Telesca, 2009).

El financiamiento del presidio San Antonio dependía de las donaciones de los mismos pobladores, quienes aportaban ganado, tabaco y otros productos básicos. Por ejemplo, en 1791 se ordenó que se donara tabaco, sal y yerba para el sustento de quienes trabajaban en las reparaciones del fuerte (Viola, 1998). En 1771, un total de 121 hombres realizaban turnos para proteger el presidio San Antonio. A pesar de la importancia de esta guarnición, pocos de sus vigilantes contaban con armas de fuego, lo que limitaba su capacidad de defensa. Las limitaciones de armamento también eran evidentes en otros presidios de la Costa Abajo, lo que debilitaba la defensa de toda la línea costera y hacía vulnerable a la provincia frente a los frecuentes ataques indígenas (Viola, 2004) (Viola, 2002).

A pesar de los esfuerzos por proteger la Costa Abajo mediante la fundación de poblaciones y presidios, los indígenas chaqueños continuaban efectuando incursiones, destruyendo chacras y robando ganado vacuno y equino. Esta situación generaba una profunda intranquilidad entre los pobladores, que vivían en constante zozobra. Al estar alejados de las zonas habitadas, los presidios usaban un cañón para alertar a los vecinos sobre posibles ataques. Al escuchar el disparo, las mujeres y familias de las cercanías podían buscar refugio, mientras los milicianos del presidio se preparaban para la defensa bajo las órdenes de sus oficiales (Viola, 2002).

Cambios en la función del Presidio en el siglo XIX

Con la independencia del Paraguay, el presidio San Antonio de La Frontera, al igual que otros fuertes, comenzó a desempeñar un papel distinto. Durante el gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia, los fuertes en la costa del río se mantuvieron activos, sirviendo para controlar las fronteras en una política ya de aislamiento. En 1815, el dictador Francia, considerando la necesidad de mantener los fuertes, ordenó al Ministro de Hacienda que proporcionara herramientas a Juan José Centurión, comandante de los puestos militares, para completar la reparación del presidio de Lambaré y reconstruir el de San Antonio. Esta acción aseguraba la preservación de los puestos defensivos a lo largo del río y reforzaba la vigilancia fronteriza bajo su administración (Viola, 2004).

Pero en marzo de 1819, Francia tomó una decisión que cambiaría la organización de los presidios: suprimió los regimientos de milicias de Costa Arriba y Costa Abajo, argumentando que nunca habían sido bien disciplinados ni uniformados, y que su servicio era similar al de los urbanos. Esta medida extinguió los presidios tal como se conocían y llevó a una reorganización de las fuerzas militares en Paraguay (García Riart, 2021).

Francia también instruyó a los oficiales de los presidios a no dar cuartel a los indígenas chaqueños que intentaran acercarse. En efecto, muchos de estos indígenas, al aproximarse, fueron «pasados a cuchillo», una medida implacable destinada a asegurar la integridad de las fronteras paraguayas (Molas, 1868).

Declive y últimas referencias del Presidio

Con el tiempo, y debido al desarrollo de nuevas infraestructuras de comunicación y transporte, el presidio San Antonio comenzó a perder su importancia militar. Hacia 1870, este fuerte, aunque con una función posiblemente ya diferente, seguía activo y comenzó a ser conocido como «Guarda San Antonio», según lo menciona Andrés Lamas en su obra Colecciones de Obras Documentos y Noticias, Inéditas o Poco Conocidas del Río de la Plata. En este periodo, el país ya contaba con una red de rutas fluviales transitadas por buques de vela y vapor, junto con caminos carreteros y un ferrocarril que conectaba Asunción con Paraguarí, facilitando el transporte de productos desde Villa Rica y otras localidades del interior.

A partir de 1883, la zona del antiguo presidio comenzó a cambiar su función hacia un uso más portuario. Mediante una ley firmada por el presidente de la Cámara de Diputados, Manuel Solalinde, y el presidente del Senado, Juan A. Jara, se declaraba en vigencia el reglamento de capitanías a partir del 1 de enero de 1883. Con la aprobación de este reglamento, se establecieron nuevas responsabilidades para los capitanes de puerto. Estos tenían la misión de mantener la seguridad, supervisar la limpieza y la profundidad del puerto, y registrar en un libro por separado las entradas y salidas de buques mayores y de cabotaje, así como el movimiento de pasajeros. Además, debían actuar en casos de naufragio y colaborar con la Aduana en la gestión de las cargas recuperadas.

En 1894, un decreto adicional permitió que los puertos de San Antonio, Villeta y Villa Oliva se habilitaran para la exportación de caña de azúcar, que, junto a las naranjas, era uno de los principales productos de exportación del país en esa época. Los Capitanes de Puerto debían supervisar estas operaciones y reportar a la Aduana Central. Así, el antiguo fuerte fue transformándose gradualmente en un punto de exportación, conocido posteriormente como puerto de San Antonio o Puerto Naranja (Lamas, 1874).

De: «HISTORIA GENERAL DE SAN ANTONIO: EVOLUCIÓN DE CAYBÁ A PUERTO NARANJA Y MÁS ALLÁ».

REFERENCIAS

Corral, F. (2014). Plazas Fuertes y Fronteras Estables en el Paraguay Colonial de los Siglos XVII y XVIII. El Castillo de San Agustín de Arecutacuá. Instituto Cervantes de Palermo, Italia.

García Riart, J. (2021). Qué y Quién Pasó por el Paso Grande de Santa María (Paso del Tyvycuary). Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (CEADUC), Biblioteca de Estudios Paraguayos, Vol. 123, Asunción.

Kraus, H. (1898). Leyes y Decretos de Aduana de la República del Paraguay. Asunción.

Kraus, H. (1898). Reglamentos de Capitanías de Puertos. Asunción.

Lamas, A. (1874). Colecciones de Obras Documentos y Noticias, Inéditas o Poco Conocidas del Río de la Plata. Tomo II, Imprenta Popular, Buenos Aires.

Laterza Rivarola, G. (2004). Divisiones Político Territoriales del Paraguay, Proceso Histórico, Criterios, Instituciones. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XLIV, Asunción.

Molas, M. A. (1868). Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay. Imprenta de Mayo, Buenos Aires.

Telesca, I. (2009). Mercedes Reales y Concentración de Tierras. El Nacimiento del Latifundio en Paraguay en Tiempos de la Independencia. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XLIX, Asunción.

Velázquez, R. E. (1964). La fundación de la Villeta del Guarnipitán en 1714 y la población del litoral paraguayo. Sevilla: Anuario de Estudios Americanos.

Viola, A. (1997). San Felipe Borbón del Guarnipitán en el Valle del Bastán. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XXXVII, Asunción.

Viola, A. (1998). San Antonio de la Frontera. En Historia Paraguaya, Vol. XXXVIII, Academia Paraguaya de la Historia, Asunción.

Viola, A. (2002). Santa Rosa de Cumbarity. En Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XLII, Asunción.

Viola, A. (2004). Presidios y Cuarteles. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XLIV, Asunción.

Imagen referencial del histórico Presidio de San Antonio de La Frontera, recreación artística basada en descripciones coloniales.
En este mapa antiguo se muestra un fuerte al sur de Asunción, posiblemente el de San Antonio de La Frontera (siglos XVII-XVIII). Fuente: Biblioteca Nacional de Francia.
Mapa del litoral paraguayo del siglo XVIII, donde se destaca el fuerte de San Antonio, elaborado por Vicente Paciello siguiendo las indicaciones del historiador Rafael Eladio Velázquez.
En esta lista, ca. 1870, el antiguo presidio de San Antonio figura como «Guarda San Antonio». Extraído de Colecciones de obras, documentos y noticias, inéditas o poco conocidas del Río de la Plata, de Andrés Lamas.
En este mapa, ca. 1860, se identifica el antiguo presidio como cuartel San Antonio, ubicado dentro de la jurisdicción de San Lorenzo de la Frontera. Extraído del libro The History of Paraguay, 1871.
Tabla de los presidios activos en Paraguay en 1747, donde San Antonio figura con 4 compañías y 132 efectivos. Extraída de Mercedes Reales y Concentración de Tierras: El nacimiento del latifundio en Paraguay en tiempos de la independencia, de Ignacio Telesca.
Guardias en 1803, con San Antonio registrada como la segunda guardia después de Lambaré. Extraído de Santa Rosa de Cumbarity, de Alfredo Viola.

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