DEL CINTARAZO EN SAN ANTONIO AL CAÑONAZO EN ITAPIRÚ: CÓMO PARAGUAY Y ESTADOS UNIDOS CASI FUERON A LA GUERRA

Historia

Por Freddy Ovelar

A mediados del siglo XIX, Paraguay estaba bajo el gobierno firme de Carlos Antonio López, quien guiaba al país en un proceso de modernización. Después de años de aislamiento, Paraguay intentaba abrirse al mundo sin perder su independencia. Fue en este momento cuando llegó el cónsul estadounidense Edward A. Hopkins, un joven carismático pero arrogante, que prometió «civilizar» al Paraguay a través de inversiones extranjeras, especialmente mediante la United States and Paraguay Navigation Company. López le dio muchos favores a Hopkins para ayudarlo con sus negocios. Le permitió traer maquinaria e insumos para sus industrias, abrir una fábrica de cigarrillos en Asunción y adquirir tierras en San Antonio. En este paraje, le ofreció un espacio en el antiguo cuartel para que su empresa lo usara como vivienda para sus empleados y como depósito para su aserradero, que estaba ubicado a orillas del río Paraguay (Moore, 1898). La fábrica de cigarros y el aserradero, que funcionaba con motores a vapor, empleaba a técnicos y jefes de diversas nacionalidades, como estadounidenses, irlandeses y cubanos. En el aserradero también laboraban 20 indígenas, 10 provenientes de Ypané y 10 de Guarambaré (Senado de los Estados Unidos, 1858). Gracias a un muelle natural de piedra, los barcos podían llegar fácilmente hasta el lugar.

EL PRIMER ASERRADERO A VAPOR DEL RÍO DE LA PLATA

El aserradero de San Antonio trabajaba diez horas al día, procesando más de 1.6 metros cúbicos de madera. Hopkins, en un informe al Senado de los Estados Unidos en 1858, destacó las ventajas del negocio. Mencionó que habían enviado más sierras porque consideraban que los bosques de San Antonio ofrecían “madera inagotable”, y que no existía otro aserradero similar en toda la región. Dijo: “No había otro aserradero al sur del ecuador, al este de los Andes, y ningún sitio adecuado para molinos en un radio de 1.500 millas en estos ríos, excepto el nuestro”. La compañía de Hopkins con sus sierras en San Antonio no solo buscaba producir madera, sino también fabricar toneles y otros productos derivados. Así lo detalló en su informe: “La segunda expedición llevó unos 22 artesanos adicionales, entre ellos mecánicos e ingenieros, operarios de aserraderos, toneleros y empaquetadores, carpinteros, ebanistas y tripulación para dos barcos a vapor, todos con sus herramientas de trabajo —que en un país como Buenos Aires serían inútiles, ya que carece de ríos y árboles—. Con solo la fábrica de toneles esperábamos ganar miles de dólares al año al evitar el enorme desperdicio de cueros en Paraguay, que se usaban para empacar las exportaciones del país, como yerba, tabaco, azúcar, melaza (mucho mejor conservadas en madera), así como para proveer a las provincias del sur, y a las ciudades de Buenos Aires y Montevideo con tubos y barriles, siempre muy caros. Paraguay y los países vecinos son California en riqueza” (Senado de los Estados Unidos, 1858).

Pero la relación entre Hopkins y López nunca fue fácil. Hopkins actuaba más como un “chiflado pintoresco” que como un verdadero cónsul. Solía pedir a la policía que limpiaran su cigarrería. Además, exigía castigos físicos para sus empleados: quería azotes para sus obreros más jóvenes y que desterraran a 20 leguas a las mujeres que faltaban al trabajo. A sus empleados del aserradero también descontaba el sueldo por cualquier “falta accidental” (El Nacional Argentino, 1859). Las excentricidades de Hopkins no paraban allí: le pidió a López ser nombrado almirante de la marina paraguaya para construir un barco diseñado por él mismo. Su plan era navegar con una tripulación estadounidense hasta Buenos Aires para secuestrar al dictador Rosas, asegurando que “solo necesitaba 100.000 pesos” para lograrlo. Pero López estaba irritado.

El USS Water Witch fue un barco de vapor con ruedas laterales, de 150 pies de largo y 7 pies 10 pulgadas de calado, que exploró los ríos de la cuenca del Plata a mediados de la década de 1850. Autor: Thomas Jefferson Page.

EL “CINTARAZO” EN SAN ANTONIO QUE DESATÓ LA TORMENTA

Un sábado 22 de julio de 1854, Edward Hopkins, su hermano Clement y su amiga madame Guillemot, esposa del diplomático francés en Paraguay, salieron a cabalgar por el establecimiento de San Antonio. Recorrieron la orilla del río, pasando por el muelle natural de piedra del aserradero y bordeando los “bosques inagotables de San Antonio” y los campos recién sembrados de maíz (Gutiérrez, 1982). Al mediodía, regresaron para almorzar. A la tarde, se prepararon para volver a Asunción, pero Clement fue quien acompañó a madame Guillemot, ya que Edward decidió quedarse a pasar la noche en San Antonio (Ynsfrán, 1954). Clement y madame Guillemot montaron sus caballos y emprendieron el regreso. En medio de un paisaje rural, sobre el camino angosto que cruza el arroyo Guazú, se toparon con una manada de ganado estatal que venía en dirección opuesta, rumbo a la estancia de Surubi`i. La tropa, formada por ariscos bueyes, era guiada por el soldado paraguayo Agustín Silvero, junto a sus asistentes (Vol. 1663, Nº7, año 1854). El soldado, al ver a la pareja acercarse a galope, hizo señas con el brazo para que se detuvieran y evitar así asustar a los animales. Pero Clement no le hizo caso: levantó la fusta y se lanzó al galope con su acompañante, atropellando el rebaño. El movimiento abrupto provocó el caos: los bueyes se desbandaron, dispersándose entre “las fragosidades de ambos lados del camino” (Vol.57.Núm . 28. S. Criminal). Aquello fue demasiado para el soldado, que consideró una ofensa tanto al ganado como a su deber; desenvainó su sable y descargó un sonoro “cintarazo” en la espalda de Clement Hopkins. El caos de la manada fue superado por el escándalo que acababa de ocurrir. Clement Hopkins, golpeado en su orgullo y con el lomo aún ardiendo, regresó con Guillemot al aserradero a contarle lo ocurrido a su hermano Edward, quien montó en cólera.

EL ESCUADRÓN DEL PARAGUAY. La imagen muestra una flota naval estadounidense bien equipada en formación, navegando hacia Asunción. Los barcos son una mezcla de buques de guerra a vela y a vapor, reflejando la transición tecnológica de la época. Abajo se indican los nombres de los barcos, que incluyen las fragatas Sabine y St. Lawrence, las corbetas Falmouth y Preble, las goletas Dolphin, Bainbridge y Perry, los vapores Fulton, Water Witch, Harriet Lane, Memphis, Atalanta, Caledonia, Southern Star, Westernport, el buque almacén Supply, entre otros transportes. Entre todos destaca el USS Sabine, la nave insignia, acompañado a su derecha por el Water Witch, que, a su lado, parece diminuto. Ilustración de Harper’s Weekly, del 16 de octubre de 1858.

El lunes temprano, dejando de lado toda diplomacia, cabalgó a gran velocidad hasta la casa de Gobierno en Asunción. Al llegar, irrumpió en el despacho de López, vestido “con ropa de montar” y con un gran rebenque en la mano, completamente fuera de sí. Lanzó insultos y acusaciones, se burló del gobierno paraguayo y hasta desairó a la familia del presidente. Exigió que el gobierno publicara una disculpa en su semanario por “ofender” a los Estados Unidos (El Nacional Argentino, 1859) y pidió, nada menos, que fusilaran al soldado que había osado cintarear a su hermano (Bermejo, 1873). Ante semejante actitud, López tomó una decisión tajante: le ordenó que se marchara de su presencia con “su gran rebenque”, le retiró sus credenciales diplomáticas y le ordenó abandonar el país de inmediato. Además, le confiscó las tierras que había adquirido en San Antonio y clausuró su fábrica de cigarros en Asunción. Por su parte, el soldado Silvero recibió un castigo de «trescientos palos», aunque solo había cumplido con su deber (Vol.57.Núm . 28. S. Criminal). En una cruel ironía del destino, mientras el soldado sufría los azotes, Hopkins reclamaba una indemnización exorbitante de 935.000 dólares.

EL DESALOJO FORZADO DEL ASERRADERO

El cierre del aserradero de San Antonio fue llevado a cabo de manera abrupta y desordenada, según el testimonio de Alexander Ferguson, maquinista y mayordomo del establecimiento. Los hechos comenzaron el 12 de septiembre de 1854 y se desarrollaron bajo la supervisión del juez de paz Nicolás Vásquez, hombre de confianza del presidente López, quien actuó en representación del gobierno paraguayo. A las 7:30 de la mañana, el juez Vásquez llegó a la propiedad con la intención de realizar un inventario, pero limitó sus registros únicamente a bienes ubicados dentro de un área específica de dos y media cuerdas (aproximadamente 200 metros), dejando fuera muchas otras partes de la propiedad y negándose a incluir bienes como la maquinaria pesada o la leña acumulada en el terreno. A pesar de una promesa inicial de registrar todos los bienes, Vásquez incumplió este compromiso. Al día siguiente, al amanecer, el cierre se intensificó con la llegada de más de 100 peones y alrededor de 40 carretas de bueyes. Se rompieron cercas para crear un acceso más directo, y los trabajadores comenzaron a retirar todo lo que encontraban, incluyendo maquinaria pesada, como sierras y herramientas de carpintería, mesas, sillas y demás enseres de la casa y la cocina, provisiones como maíz destinado para alimentar a los caballos. En el terreno también había una variedad de animales domésticos, como caballos, mulas y bueyes. Estos animales no fueron incluidos en el inventario ni protegidos. Las cercas fueron abiertas, dejando a los animales a su suerte, vagando sin control y expuestos a peligros. Aproximadamente a las 11:00 de la mañana del segundo día, el juez Vásquez ordenó que Ferguson y los demás empleados abandonaran inmediatamente la propiedad, pese a que el decreto oficial otorgaba un plazo de cuatro días para evacuarla. Esto dejó al equipo sin un lugar donde quedarse y sin provisiones básicas. Ante la falta de apoyo, tuvieron que negociar el transporte de su equipaje con las carretas disponibles, pagando precios excesivos. El juez intentó que Ferguson firmara un inventario incompleto, afirmando que era solo un registro parcial de lo que ya había realizado. Ferguson aceptó firmar con la condición de que se incluyera una nota aclaratoria en el documento. No obstante, quedó claro que el inventario no reflejaba todos los bienes confiscados, dejando varias pérdidas fuera del registro oficial. Al anochecer del segundo día, Ferguson y su equipo se vieron obligados a abandonar la propiedad, dejando al juez y a sus asistentes en plena posesión del lugar. Sin lugar donde dormir ni comida disponible, caminaron hacia la agencia general de la compañía en Asunción, adonde llegaron cerca de las 11:00 de la noche. La copia autenticada del inventario, prometida por el juez, no estaba lista al momento de su salida (Senado de los Estados Unidos, 1858).

GANANCIAS PERDIDAS PARA LA «UNITED STATES AND PARAGUAY NAVIGATION COMPANY«

Tras la orden de clausura de López, se frustraron las grandes expectativas de ganancias para el cónsul y sus empresas, que operaron solo durante 9 meses en el país. En su informe al Senado, Hopkins lamentaba las pérdidas de su cigarrería: “En el momento de la detención, estábamos fabricando 250.000 cigarros al mes, y de haber continuado sin interferencias, habríamos llegado a producir al menos un millón de cigarros por mes. Para 115 operarios (el número de empleados cuando se cerró la fábrica), cuando otros seis meses o un año los hicieran hábiles, cada uno produciría 300 cigarros por día, o en 26 días, 7.800 cigarros por mes, lo que multiplicado por 115 da un total de 897,000 cigarros. Contábamos, como prueban nuestros libros, con ciento cuarenta personas empleadas en ese momento, que ganaban entre tres y diez dólares al mes, precios fabulosos para los paraguayos, que nunca antes ni después se habían visto. Entonces, ¿cuáles habrían sido nuestras ganancias si se nos hubiera permitido poner en operación nuestros molinos de azúcar, molino de harina, máquina para ladrillos, molino de cepillos, desmotadoras de algodón, molinos de arroz, etc., que solo aguardaban su turno para ser instalados? Hoy tendríamos en nuestra plantilla a 1.500 personas enriqueciendo y civilizando al país”.

En su informe, Hopkins indicó que López no solo ordenó el cierre de todos los establecimientos, sino también la quema de las cercas y cobertizos. También mencionó que la empresa enfrentó ataques por parte de la población, quienes pasaron de tratar amablemente a los empleados a insultarlos y acosarlos. Según Hopkins, era común que les gritaran en las calles, les lanzaran cáscaras de naranja y cigarros, e incluso que treparan hasta las ventanas de sus casas para arrojar objetos a las habitaciones (Senado de los Estados Unidos, 1858). El diplomático lamentó la interrupción de sus negocios y el robo de los bienes de sus empresas, que equivalían a miles de dólares.

EL WATER WITCH Y EL CAÑONAZO DE ITAPIRÚ

Hopkins fue sacado del Paraguay a bordo del USS Water Witch, un buque estadounidense de visita en el país, que exploraba los ríos paraguayos en una expedición científica. Esto enfureció a López, que decretó la prohibición de entrada a todos los buques de guerra extranjeros en aguas paraguayas. El 1 de febrero de 1855, el Water Witch, ignorando la orden, intentó pasar una barrera sobre el Paraná. El buque estaba comandado por el teniente Williams N. Jeffers, en ausencia del capitán Thomas Page, y tenía una tripulación de 28 hombres y tres obuses como armamento. El comandante del fuerte de Itapirú, Vicente Duarte, envió un mensajero para advertir al teniente Jeffers, pero éste despectivamente tiró el decreto al suelo y le dijo al oficial que no le importaba el comandante de Itapirú, y que iba a continuar su camino sin hacer caso al decreto (Robles, 1855). El Water Witch continuó su avance, y Duarte ordenó disparos de fogueo como advertencia. Ante la burla de la tripulación del USS, que se rió de la batería paraguaya, Duarte ordenó abrir fuego con artillería real. Comenzó un intercambio de disparos entre la fortaleza y el barco: el Itapirú con sus cañones y el USS con sus obuses. La situación terminó mal para los estadounidenses: un disparo preciso alcanzó al Water Witch, dañando una de sus ruedas de propulsión, rompiendo los cables del timón, destruyendo las lanchas a bordo y matando al timonel Samuel Chaney. El Water Witch, incapaz de dañar la fortaleza, detuvo el fuego y quedó a la deriva, siendo arrastrado por la corriente hasta la ciudad de Corrientes. El cañonazo de Itapirú fue un duro golpe para la Armada de los Estados Unidos y causó un gran escándalo internacional. Los periódicos en Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Londres, París y Estados Unidos cubrieron ampliamente el suceso, calificando a los paraguayos de salvajes. Hopkins, antes amigo de Paraguay, pasó a ser su enemigo acérrimo y pidió la intervención militar de EE. UU., calificando al país como “ese lugar de beréberes asiáticos”, esa «excrecencia del cuerpo internacional aun menos civilizado que el sultanato de Moscate” (Peña, 2001).

BATERÍAS EN HUMAITÁ. La fortaleza de Humaitá, situada en un terreno elevado junto al río Paraguay, contaba con baterías de artillería equipadas con cañones de gran calibre, estratégicamente dispuestas para controlar el paso del río. Sus defensas incluían trincheras, zanjas y galerías subterráneas diseñadas para resistir asedios prolongados. Detrás de las baterías se alzaban almacenes y edificaciones fortificadas. Ilustración publicada en Harper’s Weekly, 19 de marzo de 1859. 

LA EXPEDICIÓN AL PARAGUAY: ENTRE LA DIPLOMACIA Y LA GUERRA

Tres años después del cañonazo de Itapirú, el presidente de Estados Unidos James Buchanan informó al Congreso sobre la situación con Paraguay y pidió permiso para exigir disculpas, indemnizaciones y garantías por los incidentes ocurridos. Parte de la prensa estadounidense apoyó esta solicitud. El Congreso aprobó una resolución que autorizaba al presidente a tomar las medidas necesarias, incluso el uso de la fuerza, si Paraguay no ofrecía una solución justa. Buchanan ordenó la movilización de la flota más grande y poderosa que Estados Unidos haya desplegado jamás. Se prepararon 19 buques, incluidos siete barcos de vapor que fueron adaptados para el combate. La flota zarpó a finales de octubre de 1858 bajo el mando del comodoro W. B. Shubrick. Contaba con cerca de 200 cañones y una tripulación cercana a los 2000 hombres y marines (Denison, 1859). El encargado de negociar un acuerdo con López fue James B. Bowlin. Se le ordenó exigir una disculpa por el ataque al Water Witch, junto con una indemnización de al menos cinco mil dólares para la familia del marinero fallecido, y lograr que el gobierno paraguayo pagara 500.000 dólares a la compañía de Hopkins. La flota estadounidense hizo una pausa en Corrientes, mientras Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina, decidió acompañar a James B. Bowlin en el Fulton hacia Asunción para mediar y calmar la tensa situación. El resto de la flota quedó esperando en Corrientes, mientras el Fulton avanzaba en solitario. La disposición a negociar creció rápidamente cuando pasaron frente a la formidable fortaleza de Humaitá. Este consistía en varias baterías de artillería en un terreno elevado, con 16 grandes cañones estratégicamente colocados para controlar el paso del río. Además, Bowlin supo que en Humaitá había unos 12.000 soldados paraguayos y una reserva de 16.000 más listos para luchar (Torres, 2016). El puerto de Asunción también estaba protegido por fuertes defensas, entre las cuales destacaba una imponente batería de varios cañones. El 4 de febrero de 1859 se firmó un tratado de mutuo acuerdo y el 11 se publicó en el Semanario una proclamación de paz (Denison, 1859). En sus memorias, el presidente Buchanan falseó la historia al decir que los barcos estadounidenses habían llegado hasta Asunción y que Paraguay había ofrecido “amplias disculpas” (Buchanan, 1865). La verdad fue otra: Paraguay nunca se disculpó y, aunque pagó 10.000 dólares por el timonel muerto, no cedió ante la desmesurada exigencia de 500.000 dólares para la compañía de Hopkins, que no recibió un centavo. Así concluyó un episodio internacional que comenzó en un polvoriento camino rural de San Antonio, con el golpe de sable al hermano de un altivo cónsul, y un certero cañonazo a un buque yanqui. Dos desafíos que, en su tiempo, sorprendieron al mundo desde el centro de Sudamérica.

ILUSTRACIÓN DE HARPER’S WEEKLY (2 de abril y 16 de octubre de 1859) mostrando la flota estadounidense anclada frente a la costa de Montevideo, en su viaje hacia Paraguay. Se ven varios barcos en la bahía y, al fondo, la capital de Uruguay con sus edificios bajos. En la publicación, Carlos Antonio López fue descrito como un hombre “astuto, resuelto e ignorante”, quien, según el medio, no tendría más opción que ceder a las demandas de Estados Unidos para lograr la paz, pero esto no sucedió. 
FLOTA ANCLADA EN ROSARIO EL 7 DE MAYO DE 1859. El comodoro Shubrick había regresado de Asunción el 18 de febrero y, tras haberse acordado la paz, todas las naves continuaron su curso río abajo, anclando en Rosario el 22 de febrero. En honor a la fecha del natalicio de Washington, se realizaron salvas, las naves fueron engalanadas y se llevaron a cabo ceremonias habituales. Mientras la flota permanecía allí, José Justo de Urquiza invitó al comodoro y al comisionado a visitar su palacio en San José. Ilustración de Harper’s Weekly. 
La caricatura de la izquierda muestra cómo los estadounidenses imaginaban la guerra contra Paraguay, con soldados victoriosos y un Carlos Antonio López humillado. La imagen de la derecha muestra la realidad, con un brindis cordial entre ambos, donde aparecen el presidente Carlos y su hijo Francisco Solano López. Ilustración de Harper’s Weekly, 30 de abril de 1859.

REFERENCIAS

Archivo Nacional de Asunción. (1854). Proceso al soldado de caballería Agustín Silvero por castigo al norteamericano Hopkins. Vol. 1663, Nº 7.

Bermejo, I. A. (1873). Episodios de la vida privada, política y social en la República del Paraguay. Madrid: R. Labajos.

Buchanan, J. (n.d.). The administration on the eve of the Rebellion: A history of four years before the war.

Denison, J. L. (1859). Paraguay Expedition. En A pictorial history of the navy of the United States (pp. XX–XX). Henry Bill.

El Nacional Argentino. (1859, enero 5). Prensa paraguaya. Historia documentada de las cuestiones entre el gobierno del Paraguay y el de los Estados Unidos. El Nacional Argentino (Año VIII, Nº 834). Paraná.

Gutiérrez, R. (1982). Nuevos aportes a la cartografía urbana y arquitectónica del Paraguay. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, XIX.

Moore, J. B. (1898). Reclamo de los Estados Unidos y la Compañía de Navegación Paraguay: Comisión bajo la convención entre los Estados Unidos y Paraguay del 4 de febrero de 1859. En Historia y resumen de los arbitrajes internacionales en los que los Estados Unidos ha sido parte (Vol. II, pp. XX–XX). Government Printing Office.

Peña, P. (2001). Intervenciones norteamericanas en América Latina. En El libro negro del capitalismo. Navarra: Editorial Txalaparta.

Robles, W. (1854, febrero 18). El Water Witch americano y la fortaleza de Itapirú en el Paraná: Documento oficial. Semanario, Nº 6.

Senado de los Estados Unidos. (1858–1869). Official documents relating to Paraguay, 1858–1869 (35º Congreso, 1ª Sesión, Nº 60).

Torres, C. D. (2016). La guerra que no fue. Recuperado de https://www.ultimahora.com/la-guerra-que-no-fue-n996828.

Ynsfrán, P. M. (1954). La expedición norteamericana contra el Paraguay, 1858-1859: Los antecedentes. Asunción: Editorial Guarania. 

PUERTO NARANJA

Historia

Por Freddy Ovelar

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Paraguay vivía entre naranjales. El país, reconocido por su fertilidad y exuberancia, exportaba millones de naranjas, y San Antonio fue uno de los centros neurálgicos de este comercio. Hoy en día, el puerto está silencioso, pero en aquellos tiempos, el bullicio y la actividad en torno a la exportación de naranjas formaban parte del paisaje cotidiano de San Antonio. Este es el relato de una época dorada que desapareció, pero cuya historia perdura.

El jardín de las Hespérides

El naranjo llegó a Paraguay con los colonizadores europeos y los misioneros jesuitas. El clima y la tierra paraguaya parecían tan propicios para este árbol que pronto se convirtió en parte natural de su paisaje. Al respecto, el cronista Gaudencio Yubero señalaba en 1915: «El naranjo ocupa en el Paraguay el primer puesto en su vegetación. Por todas partes donde se mire, desde el jardín de una población, desde la casa del hacendado hasta la cabaña del más pobre habitante, en las montañas como en las llanuras… la redondeada silueta y el verde oscuro y lustroso del árbol de las manzanas de oro aparece en todo el país, convirtiéndolo en un verdadero jardín de las Hespérides» (Yubero, 1915).

La abundancia de naranjas era tal que, en temporadas de crecidas de los ríos, se veían los ríos «arrastrar cantidades enormes de naranjas». Esto resultaba fascinante para los visitantes extranjeros, quienes no podían comprender cómo era posible que los naranjales creciesen en estado casi silvestre, como si la naturaleza misma hubiese decidido plantar esos árboles en cada rincón del país. Yubero también destacaba que, en Paraguay, el clima y la fertilidad del suelo eran tan favorables para los naranjales que «muchos de los inmensos naranjales que se encuentran en el territorio deben su existencia exclusivamente a la naturaleza». La producción de estos árboles era impresionante. “La producción media por planta es de 2.000 frutos para el naranjo” (El Financiero, 1923), lo que indica que un solo árbol podía producir miles de naranjas al año bajo condiciones óptimas.

Naranjeras de San Antonio transportando canastas repletas de naranjas en el muelle hacia el vapor, alrededor de 1905.
Villeta, junto al puerto de San Antonio, era un importante punto de embarque de naranjas. Esta foto muestra a cargadoras de naranjas en Villeta, publicada en la revista Caras y Caretas, Buenos Aires, 1906.
Villeta en 1913, vista desde el puerto hacia la ciudad, con cargamentos de naranjas listos para embarcar. Publicado en Caras y Caretas.
Otra imagen del puerto de Villeta, donde mujeres llevan canastas de naranjas sobre sus cabezas para cargarlas en el vapor. Foto tomada en 1913, publicada en Caras y Caretas.
Largos muelles para cargar naranjas en el puerto de Villeta. Caras y Caretas, 1913.

El puerto Naranja en la visión de Child

El puerto de San Antonio, junto a Villeta, fue uno de los principales puntos de exportación de naranjas hacia Argentina y otros mercados del Plata. La vida en este puerto, especialmente durante la temporada de cosecha entre mayo y agosto, era frenética. Carretas cargadas con miles de naranjas descendían desde las colinas hasta el puerto, donde mujeres descalzas subían y bajaban por largas pasarelas de madera, llevando cestas de naranjas sobre sus cabezas.

Theodore Child, un viajero británico que visitó San Antonio en 1891, dejó un relato invaluable de lo que vio: Los dos puertos principales para el embarque de naranjas son San Lorenzo y San Antonio. El barco se detuvo en San Antonio, que es una localidad encantadora situada sobre el Paraguay; la orilla es de arena amarilla, los lirios bordean el agua, y en el fondo se levantan árboles, algunos de los cuales forman macizos de flores lilas. El puerto consiste en un cuadrado de arena; allí se encuentra, a la derecha, la cabaña y la bandera de la aduana (resguardo) y un pequeño muelle de madera; un camino rudimentariamente trazado que pasa frente a una especie de almacén (tambo) y se dirige hacia el interior; a la izquierda, una gran tienda establecida sobre postes de palmeras, con un suelo hecho de bambúes dispuestos en forma de celosía. Esta tienda está llena de naranjas, y en el exterior, sobre la arena, otras naranjas forman enormes montones. Carretas, arrastradas por yuntas de dos o cuatro bueyes y precedidas por un conductor vestido con un largo poncho y armado con una vara de bambú, bajan la colina, chirriando y crujiendo, y vienen a depositar en la orilla otros montones de frutas doradas. A la sombra de los árboles, están sentados grupos de hombres, mujeres y niños que tienen naranjas, plátanos, mandioca, loros, arrendajos y monos, todas mercancías que desean vender, pero que no se molestan en ofrecer, prefiriendo permanecer tranquilos e indiferentes, succionando mate con bombillas de plata. El vapor está amarrado, y una larga pasarela de tablas se coloca sobre altos caballetes, de manera que se puede ir y venir entre la rueda de paletas y la orilla». (Child, 1891). Es importante señalar que el viajero parece haber confundido los nombres de San Lorenzo y San Antonio, asumiendo que se trataban de dos puertos distintos. En realidad, el puerto se llamaba San Antonio y formaba parte de una de las compañías de San Lorenzo de La Frontera o Ñemby.

Naranjeras de San Antonio transportando canastas repletas de naranjas en el muelle hacia el vapor Cosmos. Fotografía tomada por Auguste François en 1891. De la colección de la Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya.

El trabajo de carga de naranjas era realizado principalmente por mujeres, como describe Child: Cuando todo está listo, unas sesenta mujeres y muchachas y una decena de hombres se ponen manos a la obra; unos llevan cestas llenas de naranjas, otros pasan estas cestas de la rueda de paletas a la cubierta superior, otros más pasan esas mismas cestas al corral o recinto ubicado detrás de la cabina del piloto, y finalmente otros devuelven las cestas vacías. Todo el ir y venir necesario para el transporte de las cestas es realizado por mujeres, quienes forman una procesión ascendente y otra descendente en la pasarela, casi siempre corriendo. Estas personas son indígenas de Paraguay, guaraníes y otros indios y mulatos de diversos colores, vestidos con telas de algodón de Manchester, en colores blanco, rosa, escarlata, amarillo o tonos llamativos. Las mujeres van todas descalzas. No son muy bellas en su mayoría, pero son alegres, y dispuestas a reír y gritar sin motivo alguno, simplemente porque disfrutan de la animación y el bullicio. Se parecen al pájaro y al mono. Las horas pasan y la operación sigue adelante. De acuerdo con la costumbre del Paraguay, las mujeres y las muchachas llevan cigarros en los labios. Los movimientos rápidos de los trabajadores que van y vienen en direcciones opuestas, vestidos con telas claras, las montañas de naranjas de un amarillo brillante, la tienda de un blanco deslumbrante, todo esto termina hipnotizando; pero tal es la originalidad del cuadro que uno sigue mirándolo a pesar de sí mismo. Es cierto que no hay nada más que hacer. Se ha visitado rápidamente el pueblo, enterrado en medio de los naranjos; no se puede pasear con facilidad a lo largo del río debido a los árboles cuyas ramas caen hacia el suelo; y uno se queda apoyado en la barandilla, observando a las mujeres y las muchachas que trabajan, mientras que sus esposos, padres y hermanos están tumbados en la orilla, fumando y jugando a las cartas, fieles a la costumbre paraguaya que dicta que las mujeres trabajen y los hombres se diviertan (Child, 1891).

Mujeres paraguayas cargando naranjas en el vapor Cosmos en el muelle de San Antonio. Foto tomada el 1 de abril de 1891 por Auguste François, de la colección de la Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya.

La magnitud y el ambiente del comercio de naranjas en San Antonio cautivaron a Theodore Child, quien en su visita siguió describiendo  «El vapor debía cargar 250.000 naranjas; pero como no existe ningún control, es probable que se hayan embarcado al menos 300.000, por temor a que se pierdan. Estas naranjas son muy hermosas y tienen un perfume delicioso; se venden en San Antonio a un dólar paraguayo el millar. Las mujeres que llevan las cestas en la cabeza son pagadas a razón de 80 centavos por día; la cosecha de frutas dura ocho meses y comienza a finales de mayo. Los costos de transporte del Paraguay a Campana, y de Campana a La Boca en goleta, junto con las pérdidas resultantes de la putrefacción y la falta de cuidados durante el viaje, elevan el precio minorista de una buena naranja a dos centavos o diez céntimos en Buenos Aires. La industria más importante del Paraguay consiste en la exportación de estas naranjas. La buena temporada comienza en mayo y termina en agosto; durante ese período, los puertos de Paraguay, desde Humaitá hasta Asunción, envían enormes cantidades de frutas en vapores y goletas. Los principales puertos de embarque son Villeta, San Lorenzo y San Antonio; es allí donde se pueden ver las pintorescas procesiones de mujeres y muchachas que, riendo y gritando, llevan sobre sus cabezas las cestas de frutas desde la orilla hasta los barcos, semejantes a una tropa de laboriosas hormigas. Hasta ahora, no se ha hecho ningún uso industrial de estas naranjas; se exportan aproximadamente sesenta millones por año, se consume la misma cantidad en el país, y tal vez quede tres veces más que es comida por los monos y los pájaros, o que se pudre en el suelo» (Child, 1891).

Cargadoras de naranjas en San Antonio, ilustración publicada en Child, 1891.

La vida con mandioca y naranjas

En aquellos tiempos, las naranjas no solo eran una fuente de comercio, sino también una parte fundamental de la dieta diaria en Paraguay. La gente más pobre vivía literalmente de «un triste pedazo de mandioca y algunas naranjas», como lo menciona el relato recogido en 1889 “Historia del General Avestruz, ex-presidente de la República del Paraguay1889”. Esta combinación de mandioca y naranja, dos productos básicos, era el sustento cotidiano de muchas familias paraguayas.

El comercio millonario de naranjas

Durante el apogeo de la industria naranjera, Paraguay exportaba cantidades impresionantes de naranjas. La exportación a los países del Río de la Plata fue la siguiente: en 1881 se enviaron 23.958.850 de naranjas, en 1882 fueron 15.761.600, en 1883 se exportaron 24.182.200, en 1884 aumentaron a 27.275.000, en 1885 llegaron a 30.056.000 y en 1886 alcanzaron 32.482.500 unidades (Anuario Estadístico, 1886). En los años siguientes, la exportación siguió creciendo. En 1894, por ejemplo, se exportaron cerca de 50 millones de naranjas (Decoud, 1896). En 1913, un año clave, Paraguay exportó 145 millones de naranjas solo a Argentina, por un valor de 213.437 pesos oro argentino (Unión Panamericana, 1916). Esta exportación masiva convirtió a la naranja en uno de los pilares de la economía paraguaya.

Después del desembarque de naranjas y bananas paraguayas en el puerto de Buenos Aires, las ventas al por menor comenzaban de inmediato en el mismo muelle. Publicado en Caras y Caretas, 31 de mayo de 1902, Buenos Aires.
Hombre tirando un carrito para la venta de naranjas paraguayas a domicilio en Buenos Aires. Publicado en Caras y Caretas, 23 de septiembre de 1905, Buenos Aires.

El transporte de las naranjas no estaba exento de problemas. Como lo describiera Child, las frutas se cargaban a granel y no siempre llegaban en buen estado. “Las naranjas del Paraguay, recolectadas a palos, transportadas a granel en carretas y en los buques, maltratadas en todas las manipulaciones, llegan a los mercados del Plata en muy malas condiciones, con un desecho de 25%” (Yubero, 1915). A pesar de estas pérdidas, la industria naranjera siguió floreciendo a lo largo de varios lustros.

La defensa de la naranja paraguaya

La calidad de las naranjas paraguayas era tan apreciada que incluso generó tensiones comerciales con Argentina, que también empezaba a desarrollar su propia industria naranjera en provincias como Corrientes y Tucumán. En 1913, el Senado argentino debatió la posibilidad de imponer un impuesto a las naranjas paraguayas para proteger la producción local. Sin embargo, el influyente político Bernardo de Irigoyen defendió la importancia del comercio paraguayo: “¡Cómo! —dijo en su elocuente discurso—, ¿la República Argentina, país inmensamente rico, va a privar al Paraguay de una de sus escasas fuentes de recursos, solo por favorecer a los señores productores de naranjas de ciertas provincias? ¡Eso no es digno ni justo!” (Caras y Caretas, 1913). Gracias a este tipo de intervenciones, las naranjas paraguayas continuaron dominando el mercado argentino por años.

Llegada y descarga de naranjas paraguayas en La Boca, y su venta en el mercado porteño. Publicado en Caras y Caretas, 23 de septiembre de 1905, Buenos Aires.
Acumulación de naranjas paraguayas en el mercado argentino. Publicado en Caras y Caretas, 23 de septiembre de 1905, Buenos Aires.

Impuestos a la cosecha de naranjas

La importancia de la naranja en la vida cotidiana de Paraguay también se reflejaba en las regulaciones locales. A principios del siglo XX, las naranjas incluso pagaban impuestos en los mercados paraguayos. En 1903, se registraba un impuesto de 0,60 centavos por una carretillada de mil naranjas (Registro Oficial, 1903). Este dato muestra no solo el volumen del comercio interno, sino también la importancia económica que la naranja había alcanzado en todos los aspectos de la vida paraguaya.

La decadencia de la industria naranjera

Con el paso del tiempo, la competencia con Argentina y otros factores, como la falta de infraestructura adecuada para el transporte y el desarrollo de otras industrias, llevaron al declive del comercio de naranjas en San Antonio. El uso de técnicas rudimentarias para la cosecha y transporte, junto con la creciente producción argentina, hizo que la exportación desde Paraguay perdiera competitividad.

A partir de la tercera década del siglo XX, los puertos de San Antonio y Villeta comenzaron a perder su relevancia. Hoy, San Antonio ya no es el bullicioso puerto naranjero que una vez fue. Las naranjas, que alguna vez cubrieron sus calles y llenaron los barcos rumbo al sur, son ahora un recuerdo del pasado.

Extraído de la obra: “Historia General de San Antonio: Evolución de Caybá a Puerto Naranja y más allá” de Freddy Ovelar. Link: https://elnuevoparaguayo.home.blog/historia-general-de-san-antonio/

REFERENCIAS

Boletín de la Unión Panamericana (1916, agosto). Boletín de la Unión Panamericana. Washington.

Caras y Caretas (1905, septiembre 23). Caras y Caretas (Nº 364). Buenos Aires.

Caras y Caretas (1913). Caras y Caretas (Nº 781). Buenos Aires.

Child, T. (1891). Les Républiques Hispano-Américaines. Librairie Illustrée, París.

Decoud, H. F. (1896). Geografía de la República del Paraguay (2ª ed.). Librería y Papelería Nacional de C. Codas, Asunción.

El Financiero (1923, octubre 26). Historia del General Avestruz, Ex-Presidente de la República del Paraguay. El Financiero, Madrid.

Oficina General de Estadística (1888). Anuario Estadístico de la República del Paraguay de 1886. Fischer & Quell, Asunción.

Yubero, G. (1915). El Paraguay Moderno. H. Kraus, Asunción.

GRANDES ÑEMBYENSES DESCONOCIDOS (V)

Cultural

PADRE JUAN FRANCISCO ZAYAS:

PRIMER CURA DE AREGUÁ

Juan Francisco Zayas nació en San Lorenzo de la Frontera o Ñemby, alrededor de 1820, siendo hijo de Miguel Jerónimo Zayas y Francisca García. Fue ordenado sacerdote el 21 de febrero de 1846, desempeñando importantes roles en varias parroquias de Paraguay, como en Villarrica y Capiatá. Sin embargo, su mayor legado fue ser el primer cura de Areguá, designado en 1862, cuando el distrito estaba en proceso de creación, con la construcción del ferrocarril y la consolidación de sus estructuras básicas. Zayas jugó un papel fundamental en la fundación y desarrollo de la parroquia de Areguá, bendiciendo el Oratorio provisional el mismo día que se inauguró la estación de tren, el 25 de diciembre de 1862. Su compromiso con la patria se hizo evidente durante la Guerra Grande, cuando organizó y envió donaciones desde su parroquia para apoyar a los soldados y heridos paraguayos. Se cree que el padre Zayas desapareció durante la guerra, acompañando hasta el final a los combatientes paraguayos. Aunque no se sabe con certeza cómo ni dónde murió, su figura perdura como la de un mártir que sirvió tanto a su fe como a su patria.

BIBLIOGRAFÍA

Durán Estragó, M. (2005). Areguá: Rescate histórico 1576-1870. Fondec, Asunción.

Gaona, S. (1961). El clero en la Guerra del 70 (2ª ed.). El Arte, Asunción.

GRANDES ÑEMBYENSES DESCONOCIDOS (IV)

Cultural

REBECA VERGARA GAONA:

DE ÑEMBY A ANDORRA,

UNA TRAYECTORIA DE ÉXITO

Rebeca Vergara Gaona, nacida el 25 de noviembre de 1987, es una abogada especializada en derecho empresarial y cumplimiento normativo. A los 11 años, dejó Ñemby para trasladarse a Argentina en busca de mejores oportunidades, aunque siempre ha mantenido una profunda conexión con su ciudad de origen, donde aún residen su madre y sus hermanos. En Argentina, Rebeca encontró un ambiente propicio para crecer, estudiar y desarrollarse profesionalmente. Graduada en abogacía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), trabajó como analista en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Además, fue ayudante de cátedra en la UBA y operador de mercado de capitales en el Instituto Argentino de Mercado de Capitales (IAMC). Complementó su formación con un posgrado en Economía y Finanzas, así como diplomaturas en fideicomisos y derecho de las finanzas corporativas en la Universidad CAECE y la Universidad Austral de Buenos Aires. Reconocida en su campo, Rebeca es miembro activo de la Asociación Española de Compliance. En 2023, recibió el Galardón Memorial José Manuel Maza en Madrid, España, por su investigación sobre la cadena de suministro de minerales en zonas de conflicto. En 2018, se presentó la oportunidad de mudarse a Andorra, un pequeño y encantador país en los Pirineos. Aunque significaba dejar atrás lo que había construido en Argentina, junto a su esposo argentino tomó la valiente decisión de buscar nuevas aventuras y oportunidades de crecimiento. Desde su llegada a Andorra, Rebeca ha trabajado en una refinería de oro certificada, donde su experiencia en compliance y en cadenas de valor de minerales críticos y de conflicto ha sido fundamental. Además de su labor profesional, Rebeca comparte su conocimiento y reflexiones sobre migración, tecnologías emergentes, derechos humanos y minerales de conflicto, convirtiéndose en una voz activa en estos temas. Su vida es un testimonio inspirador de cómo las circunstancias pueden moldear a una persona sin desviar su rumbo. Desde sus humildes comienzos en Ñemby hasta su actual hogar en La Massana, Andorra, Rebeca ha sabido aprovechar cada oportunidad para convertirse en una profesional destacada en su campo.

NOTA: Agradecemos al director de San Lorenzo PY, Daniel Vargas, por proporcionarnos el número de teléfono y el correo electrónico de Rebeca Vergara Gaona, lo que nos permitió comunicarnos con ella y facilitar la redacción de esta biografía.

Rebeca Vergara Gaona, durante su participación como abogada y experta en compliance en cadenas de valor de minerales críticos y de transición en el Congreso Internacional de Acción Climática en Santander, España, en 2024. Imagen cedida en exclusiva a El nuevo paraguayo por Rebeca Vergara Gaona.

GRANDES ÑEMBYENSES DESCONOCIDOS (III)

Cultural

FEDERICO ACOSTA GÓMEZ:

KARAÍ GUASU AURINEGRO

Federico Acosta Gómez nació el 18 de julio de 1925 en Ñemby y falleció el 12 de febrero de 2022 a los 96 años. Fue un empresario destacado en el sector metalúrgico y un ferviente seguidor del Club Guaraní, donde jugó en su juventud y fue clave para que el club se mantuviera como una de las grandes potencias del fútbol paraguayo. Era conocido como el «Gran Karai Guasu Aurinegro» por su compromiso con el club. Federico no solo era nieto de uno de los miembros fundadores de la Junta Económico-Administrativa de Ñemby, sino también descendiente de uno de los fundadores del Club Fulgencio Yegros. Desde los diez años, Federico comenzó a trabajar y tuvo el honor de servir como ordenanza de dos presidentes de la República, Cecilio Báez y Félix Paiva. Admiraba la austeridad y el compromiso de los políticos de esa época, quienes, según él, se dedicaban a servir a la patria con humildad. Posteriormente, migró a la capital, donde fundó un exitoso negocio de ferretería y hierros, convirtiéndose en un referente empresarial en Asunción. Se casó con Teodora Martínez y fue padre de cuatro hijos: Federico “Pitín” Acosta, Alberto “Toti” Acosta, ambos ex presidentes del Club Guaraní, Fidel y Carlos Acosta, todos vinculados al deporte. Don Federico y su familia sufrieron persecuciones políticas durante el régimen de Stroessner, siendo detenidos y torturados debido a la militancia política de su hermano Dimas Acosta. A pesar de las adversidades, Federico dejó un legado de lucha, trabajo duro y amor por su familia y su club.

NOTA: Esta biografía se basa en el trabajo del historiador paraguayo y actual senador nacional Eduardo Nakayama, titulado “Los políticos de antes eran austeros”, publicado en 2020.

GRANDES ÑEMBYENSES DESCONOCIDOS (II)

Cultural

CATALINA VALLEJOS BARRETO:

LIRIO ÑU MOROTȊ MÍ

Catalina Vallejos Barreto nació el 13 de febrero de 1916 en San Lorenzo de la Frontera o Ñemby. Fue la hija menor de Don Hipólito Vallejos y Doña Lorenza Barreto. Catalina fue bautizada el 20 de junio de 1916 en la Parroquia de San Lorenzo de la Frontera, con Doña Natividad Zayas de Brítez como madrina y el Cura José María Giménez como celebrante. En la década de 1930, la familia Vallejos-Barreto tenía un popular almacén en Tres Bocas. Este negocio, ubicado en el desvío a Villa Elisa, se encontraba frente a la comisaría de Arroyo Seco, a la vera del Camino Real a Ñemby, que en aquel entonces era un camino polvoriento de tierra colorada. El almacén, que también funcionaba como carnicería, era un conocido punto de encuentro para poetas, músicos y vecinos, quienes se reunían para disfrutar de la caña paraguaya. Entre sus habituales se encontraba el poeta Emiliano R. Fernández, quien bautizó el almacén con el nombre de “La Primavera”. Emiliano vivía en un ranchito a unos quinientos metros de allí, cerca de Zavala Cué, junto a su esposa María Belén Lugo. Catalina, apodada cariñosamente “lirio ñu morotȋ mi” por su belleza, despertaba los sentimientos de muchos pretendientes. Uno de ellos, Juan de la Cruz Acosta Ovando, vecino de Ysaty, pidió a Emiliano R. Fernández que escribiera una poesía para Catalina. El poema fue escrito en 1938 y titulado «Flor Divina«, y parece haber cumplido su propósito, ya que Catalina y Juan de la Cruz se casaron en 1940. Una curiosa anécdota sobre esta unión es que Juan de la Cruz Acosta era hijo de Basilio Acosta, el comisario de Ysaty que, en el pasado, había castigado a Emiliano R. Fernández enviándolo a prestar servicio militar en el Batallón de Guardiacárceles y Cuerpo de Bomberos, por cantar en guaraní. En aquella época, solo iban al cuartel los castigados. A pesar de este pasado, el poeta ayudó a su amigo Juan de la Cruz a conquistar a Catalina con sus versos. “Flor Divina» fue posteriormente musicalizado y convertido en una polca paraguaya. Catalina y Juan de la Cruz tuvieron cinco hijos: Zoraida, Juan de la Cruz, Blácida, María de Jesús y Ricardo Acosta Vallejos. Catalina vivió una larga y plena vida, falleciendo el 4 de mayo de 2012 a los 96 años.

Nota: Esta biografía fue elaborada a partir del trabajo del Prof. Arnaldo Ramón Meza Colmán, titulado “Emiliano y Catalina Vallejos Barreto” perteneciente a su serie “Emiliano Rapykueré”. En su investigación, Meza Colmán cita la colaboración de Miguel Ángel Santa Cruz y Ricardo Zarza, y se basa en las siguientes fuentes: Emiliano R. Fernández. Vivencias, obras y anécdotas, por Emiliano R. Fernández (nieto del poeta), EMILIANORE I VIDA Y OBRA (compiladores Laureano Fernández y Alberto de Luque), y la revista Ocara Poty Cue Mí. Editorial Trujillos.

Catalina Vallejos Barreto en su juventud, luciendo radiante y hermosa (mejorada con IA).

GRANDES ÑEMBYENSES DESCONOCIDOS (I)

Cultural

PRESBÍTERO DIONISIO RIVEROS: ADMINISTRADOR APOSTÓLICO Y OBISPO DEL PARAGUAY

Dionisio Riveros nació en San Lorenzo de la Frontera o Ñemby alrededor de 1832. Fue ordenado sacerdote el 26 de octubre de 1857 por Monseñor Basilio López. Era hijo de Pedro Pablo Riveros y Josefa A. Arostegui. Se desempeñó como párroco de San Lorenzo del Campo Grande, y durante su tiempo como cura en esta localidad, Riveros, junto con destacados vecinos sanlorenzanos, firmó una nota de protesta contra el tratado de la Triple Alianza, la cual fue mencionada en el periódico «El Semanario» el 28 de abril de 1866. En la edición del 1 de junio de 1867, el mismo periódico destacó las donaciones enviadas por el Padre Riveros para los heridos del hospital de guerra. Después de la Guerra de la Triple Alianza, y ante la falta de un obispo en la Iglesia paraguaya, el Presbítero Dionisio Riveros fue nombrado «Administrador Apostólico» interino de la Diócesis y “con carettere vescovile” (carácter episcopal o de obispo) por el Papa Pío IX el 11 de diciembre de 1877. Riveros fue elegido de entre una lista de 23 sacerdotes paraguayos. Comenzó a desempeñar sus funciones en enero de 1878, siendo el primer Obispo en la era constitucional del Paraguay. Riveros convocó al clero nacional y presentó una terna a Roma con posibles candidatos para obispo del Paraguay, la cual incluía a Claudio Arrúa, Pedro Juan Aponte y a él mismo. Lamentablemente, falleció el 22 de agosto de 1879 mientras estaba en servicio. Debido a su elección como administrador con carácter episcopal, es reconocido en la historiografía como Obispo del Paraguay.

BIBLIOGRAFÍA

Barcos, M. F., & Troisi Melean, J. (Comp.). (2018). Elites rioplatenses del siglo XIX: Biografías, representaciones, disidencias y fracasos. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. (Estudios/Investigaciones; 67). Recuperado de http://libros.fahce.unlp.edu.ar/…/libros/catalog/book/111

Comisión de Dos Sacerdotes. (1906). Breve reseña histórica de la Iglesia de la Santísima Asunción del Paraguay. Jordan & Villaamil.

Cano, L. (1979). La evangelización en el Paraguay: Cuatro siglos de historia. Ediciones Loyola.

Gaona, S. (1961). El clero en la guerra del 70. El Arte.

Telesca, I. (2006). CURAS, PUEBLO Y VATICANO: La reorganización de la Iglesia paraguaya después de la Guerra contra la Triple Alianza, 1870-1880. FONDEC (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes).

FOTO: Hemos revisado muchos archivos y libros sobre la Iglesia del Paraguay y sus obispos, pero no encontramos ninguna foto o retrato de Dionisio Riveros. Por eso, le pedimos a la Inteligencia Artificial que creara una imagen del presbítero, con características paraguayas y de la época, y este es el resultado que nos dio.

SAN LORENZO EL VIEJO Y SAN LORENZO EL NUEVO

Historia

Por Freddy Ovelar

Esta interesante y poco conocida imagen de San Lorenzo, Diácono y Mártir, proviene del archivo Arquidiocesano y fue compartida por cortesía del padre Hugo Fernández. Según el padre, la foto, tomada en la década de 1970, muestra «una antigua imagen de vestir de la parroquia de San Lorenzo de la Frontera, Ñemby».

En Ñemby, algunas personas promueven la idea de que Ñemby, antes conocida como La Frontera y luego San Lorenzo de La Frontera, se originó como un desprendimiento de San Lorenzo del Campo Grande. Esta teoría es repetida por algunos historiadores, fanáticos y poco avezados, incluso por instituciones oficiales, como la Gobernación de Central, que en su página oficial afirmaba que «San Lorenzo fue fundada por el gobernador Fernando de Pinedo con el nombre de San Lorenzo del Campo Grande, y abarcaba también a San Lorenzo de la Frontera, actual Ñemby, que luego se independizó como municipio». Sin embargo, esta creencia carece de sustento histórico y parece más una leyenda popular que un hecho documentado. ¿De dónde surgió esta leyenda? ¿Dónde está escrita? ¿Acaso debemos suponer que Ñemby se desprendió de San Lorenzo solo porque ambos compartían el nombre y San Lorenzo es actualmente más grande territorial y económicamente? Durante los cinco años de nuestra investigación, no hemos encontrado ninguna evidencia oficial (ni una sola) que respalde la idea de que Ñemby se” independizó” de San Lorenzo, o que San Lorenzo de La Frontera haya sido un desprendimiento de San Lorenzo del Campo Grande. Al contrario, las referencias y documentos históricos que hemos encontrado indican que Ñemby era considerablemente más antiguo y extenso que San Lorenzo del Campo Grande en su momento, lo que hace imposible que haya sido un desprendimiento de este. De hecho, fue San Lorenzo, o más precisamente una parte de él, Barcequillo, la que alguna vez formó parte de Ñemby. En 1787, los límites de la viceparroquia de Ñemby o La Frontera estaban claramente definidos, y la feligresía de su capilla era bastante amplia. Esta información proviene de la obra «Templos de Asunción» de la investigadora Margarita Durán Estragó, quien transcribe un documento del obispado de ese año, que se encuentra en el volumen 768 del Archivo Nacional de Asunción (ANA-SNE). Aquí transcribimos un fragmento: «Frontera: comprende La Frontera (Ñemby), San Antonio, Mbocayaty, Barcequillo, Ysati y Lambaré. Sus límites son el río Paraguay desde el cerro Lambaré hasta el arroyo Mbaé-cangüerobi, y continúa por la división hasta la montaña que limita con el pueblo de Ypané”. Como se puede ver, Ñemby o La Frontera era notablemente extenso, abarcando lo que hoy son Lambaré, San Antonio, Villa Elisa, parte de Fernando de la Mora (zona de la Terminal y 4 Mojones), y una porción de San Lorenzo (Barcequillo). Pero además de los límites territoriales, está la cuestión de la antigüedad: ¿cuál de los dos San Lorenzos es más antiguo? Para determinar cuál fue el primero, y por lo tanto, aclarar quién se desprendió de quién, podemos analizar un dato histórico irrefutable que se encuentra en un libro documental titulado “Colección general de documentos, tomo III”. En la página 217 de este antiguo libro, se encuentra una carta que el fiscal español y gobernador interino del Paraguay, José de Antequera y Castro, escribió desde Lima al Obispo del Paraguay, Joseph de Palos, el 14 de agosto de 1726. En ella, se mencionan claramente dos San Lorenzos: uno viejo, Ñemby, y otro nuevo, el actual San Lorenzo. La carta dice textualmente: “Y de aí se siguen por el mismo costado las tierras que tienen en La Frontera, que llaman de San Lorenzo el Viejo, y se incorporan con las de San Lorenzo el Nuevo, hasta dár en el Campo Grande”. Esto deja claro que en Ñemby o La Frontera se encontraba la capilla dedicada a San Lorenzo, conocida como «el viejo», mientras que en Capilla Cué de los Jesuitas, en lo que hoy es San Lorenzo, estaba «el nuevo». Entonces, ¿cómo podría el viejo desprenderse del nuevo, cuando debería ser al revés? El investigador uruguayo Nelson Caula añade un dato aún más interesante y concluyente. Afirma: “La imagen de San Lorenzo «tallada en madera y muy bella, venerada hasta ahora en San Lorenzo (nuevo) de Campo Grande, fue del otro San Lorenzo (el viejo o Ñemby) que la cedió por haber recibido de España otra más grande, después quemada en un incendio en ese tiempo”. No puede haber dudas sobre cuál de los dos San Lorenzos es el más antiguo. El hecho de que el viejo regalara una imagen al nuevo es una prueba clara de cuál estuvo primero, tanto en antigüedad como en importancia histórica. Aun así, algunos insisten en confundir a la gente, afirmando por ignorancia o mero fanatismo que Ñemby fue un desprendimiento de San Lorenzo. Pero la historia es contundente respecto al origen de ambos pueblos: señala que la fundación urbana de Ñemby o La Frontera ocurrió en 1718, con la creación de la capilla en honor a San Lorenzo, mientras que el pueblo de San Lorenzo del Campo Grande fue fundado en 1775, es decir, muchos años después que Ñemby. La mentira no puede escapar de la historia, y la evidencia es irrefutable. Por eso, hemos solicitado a la Gobernación de Central que corrija o elimine el post sobre la supuesta independencia de Ñemby de San Lorenzo, y lo han hecho amablemente.

ÑEMBY CELEBRA 125 AÑOS DE DISTRITACIÓN CON UN LLAMADO A LA CIUDADANÍA

Noticias

Hoy, la ciudad de Ñemby celebra con orgullo el 125º aniversario de su distritación, marcando la creación de su primera Junta Económico-Administrativa, lo que hoy sería equivalente a su municipalidad. Aunque Ñemby ya existía desde su fundación en 1718, esta fecha es un hito significativo en su historia por la creación de su estructura municipal. A menudo, la ciudadanía confunde la fecha de fundación con la de distritación de Ñemby. La creación de la Junta Económico-Administrativa de San Lorenzo de la Frontera, nombre por el cual también se conocía a Ñemby, fue una respuesta a las múltiples solicitudes de los habitantes al Ministerio del Interior, quienes buscaban mejorar la administración local. Antes de 1899, todas las responsabilidades del pueblo recaían en una sola persona. Aniceto Benítez era el Juez, Jefe político (comisario) y encargado municipal, una sobrecarga de funciones que dificultaba la toma de decisiones y frenaba el progreso del pueblo. La situación llegó a un punto crítico cuando los vecinos, cansados de la falta de respuesta a sus peticiones, enviaron una carta al periódico capitalino La Prensa el 7 de julio de 1899. Esta carta, publicada el 13 de julio y firmada por Ramón Ibáñez, destacaba la urgencia de distribuir los cargos administrativos y establecer una Junta Económico-Administrativa, como ya se había hecho en otras localidades como Ypané y Colonia Elisa. La presión de esta publicación y las gestiones continuas de los vecinos finalmente dieron resultado. El 2 de agosto de 1899, durante la presidencia de Emilio Aceval, se emitió un decreto que formalizó la creación de la Junta Económico-Administrativa de San Lorenzo de la Frontera. Este decreto marcó el inicio de una nueva era para Ñemby, permitiendo una administración más justa y eficiente de sus recursos. Hoy, Ñemby sigue creciendo, pero su avance se ve opacado por la mala gestión de sus actuales autoridades. Además, el cerro Ñemby, recuperado después de 50 años de explotación como cantera, enfrenta una nueva amenaza. Las autoridades municipales planean entregarlo nuevamente al estado para construir un hospital. Esta decisión genera preocupación entre los vecinos, quienes deben estar alertas y preparados para defender su cerro una vez más.

A pesar de los desafíos actuales y las preocupaciones, esperamos que este 125º aniversario de su distritación sea una oportunidad para reflexionar sobre los logros alcanzados y mirar hacia un futuro prometedor. ¡Feliz día, Ñemby!

INTENDENTE CONFIRMA SU INTENCIÓN DE ENTREGAR EL CERRO ÑEMBY

Noticias

El intendente de Ñemby, Tomás Olmedo, ha oficializado ante la Junta Municipal un proyecto para transferir un lote de 50.907 metros cuadrados del Cerro Ñemby al Ministerio de Salud para la construcción de un hospital. A través de una nota, Olmedo presentó un modelo del “Acta de compromiso de Cesión de Inmueble para la futura sede del hospital general de Ñemby”. Este proyecto es controversial, ya que ha sido criticado duramente por varios sectores de la comunidad, quienes consideran que el Cerro Ñemby es un símbolo natural y patrimonio del pueblo que no debe ser alterado. El cerro es todo un ecosistema que merece respeto y no se puede dividir. La situación se vuelve aún más preocupante debido a que en la nota presentada por Olmedo a la Junta Municipal se menciona que parte del lote a cederse «linda con los derechos de la empresa Concret-Mix S.A.». Esta empresa ocupa actualmente 16 hectáreas aledañas del cerro, un área que está en litigio con la municipalidad de Ñemby. La mención de los «derechos» de Concret-Mix en el documento oficial levanta sospechas sobre posibles acuerdos entre el intendente y la empresa, especialmente dado que Olmedo ha sido acusado de recibir financiamiento de Concret-Mix durante su campaña política en 2021. La comunidad teme que este proyecto pueda ser un intento de consolidar la cesión de terrenos a la empresa, en detrimento del patrimonio natural del pueblo.

HISTORIA DE LUCHA Y SUFRIMIENTO

La historia del Cerro Ñemby está marcada por el sufrimiento y la lucha del pueblo. En 1961, los antiguos propietarios del cerro fueron forzados a ceder sus tierras bajo coacción y tortura, y durante 50 años el cerro fue explotado como cantera, causando terremotos diarios y afectando la vida de los habitantes. Después de casi dos décadas de lucha, la comunidad logró salvar lo que quedaba del cerro, y ahora ven con indignación cómo una parte de este patrimonio podría ser entregada nuevamente al estado.

PREOCUPACIONES Y REACCIONES

Varios concejales expresaron su preocupación por la falta de información detallada sobre el proyecto, ya que existe el riesgo de que se ceda el terreno y el ministerio no haga nada. Ever Hermosilla solicitó una audiencia pública para que la ciudadanía pueda votar sobre la cesión del inmueble, mientras que Néstor Velásquez pidió que se socialice el proyecto para conocer el impacto que tendrá en el cerro. El concejal Hugo Ayala ha sido claro en su postura: «No tenemos que tocar ni un metro del cerro». Marcelo Martínez ha sido aún más enfático, afirmando que cualquier solicitud de entregar el cerro «no se debe siquiera debatir, se debe rechazar» y que «el cerro Ñemby no se negocia».

ALTERNATIVAS IGNORADAS

A pesar de que existen otros terrenos municipales más adecuados y amplios para la construcción del hospital, como un terreno en Pa’í Ñu, el intendente Olmedo insiste en utilizar una parte del Cerro Ñemby. Esta decisión se ve como un intento desesperado de mejorar su imagen, dañada por denuncias de corrupción, grandes deudas y mala gestión. Olmedo ha sido ampliamente criticado y es visto por muchos como uno de los peores intendentes que ha tenido Ñemby desde 1984.

Puede ser una imagen de el canal de Panamá, cráter y refinería de petróleo

LA PLANTACIÓN HISTÓRICA DE 151 ÁRBOLES DE POMELO EN ÑEMBY

Historia

Por Freddy Ovelar

Recreación generada por IA de la plantación de pomelos en Ñemby en 1956

En mayo de 1956, el pueblo de Ñemby tuvo el honor de ser el primero en Paraguay en implementar el proyecto «Educación Fundamental» de la UNESCO. Este programa se diseñó para ofrecer educación a las grandes masas de población, especialmente en áreas rurales, sin importar su edad o clase social. La recién inaugurada escuela Carlos Antonio López fue elegida como el centro de esta importante iniciativa, enfocándose principalmente en la educación de personas mayores. Además de las clases regulares a los adultos, el proyecto se dedicó a la organización y funcionamiento de la escuela, promoviendo una educación que incluía diversos aspectos de la vida comunitaria. Entre las muchas actividades emprendidas, destacó la campaña «Defensa del Árbol», una respuesta a la creciente deforestación que enfrentaba Ñemby en ese momento. La campaña «Defensa del Árbol» culminó el 22 de junio de 1956 con la plantación de 151 arbolitos de pomelo en los alrededores de la escuela y la iglesia. Este evento se llevó a cabo con la participación de autoridades locales, vecinos, maestros y alumnos. Aunque la iniciativa fue de los adultos, fueron los niños quienes llevaron a cabo la plantación de los arbolitos. Un año después, se informó que los arbolitos seguían creciendo y ninguno se había perdido.

Los pomelos desaparecidos

Durante décadas, los pomelos plantados en 1956 siguieron siendo una presencia notable en Ñemby. Hasta hace unos 20 años, aún podían verse estos árboles en las veredas de las calles, en la plaza central y en los patios de las casas céntricas. Creemos que muchos de estos árboles eran descendientes de aquellos plantados durante la campaña «Defensa del Árbol». Sin embargo, en la actualidad, los árboles de pomelo en el centro de Ñemby prácticamente han desaparecido, convirtiéndose en una rareza.

BIBLIOGRAFÍA

Gordillo, M.A. (1957). Educación Fundamental: Ñemby, un programa de desarrollo comunal. Asunción: Revista del mes de agosto del Ministerio de Educación y Culto.

Marcos, J. (1957). Ñemby, un triunfo increíble en el Paraguay. Asunción: Revista del mes de agosto del Ministerio de Educación y Culto.

Recreación digital de la histórica plantación de pomelos en Ñemby, 1956, mediante inteligencia artificial.

PRODUCCIONES AGRÍCOLAS DESCONOCIDAS EN ÑEMBY (1600 – 1700 – 1800)

Historia

Por Freddy Ovelar

Recreación con IA del viñedo de los Jesuitas en Ñemby durante el siglo XVII

Según el historiador argentino Ernesto J. A. Maeder, la región de Ñemby o La Frontera tuvo su origen alrededor de 1600 gracias a una donación del presbítero Rodrigo Ortiz Melgarejo. Este religioso cedió una viña y un extenso terreno a los jesuitas en esta vasta región. Aunque esta información se basa en documentos del colegio jesuita de Asunción, hay que aclarar que en realidad no se refiere a los primeros pobladores de Ñemby ni a su origen. Antes de la llegada de los conquistadores, Ñemby ya era un poblado cario y, tras la fundación de Asunción, fue poblado por españoles. La información de Maeder se relaciona con la creación de las primeras chacras jesuíticas en Ñemby a principios de 1600, establecidas gracias a la donación de Ortiz Melgarejo. En esa época, Ñemby era muy conocido por sus chacras y su capacidad para abastecer de alimentos a la capital. Aunque hoy en día es difícil imaginar idílicos viñedos en un Ñemby ya muy urbanizado, Maeder señala que los jesuitas continuaron con el cultivo de la viña que inicialmente prosperó, pero que eventualmente fracasó. En 1785, Félix de Azara describió algunas actividades agrícolas en Ñemby. Al cruzar este pueblo a caballo, dejó registrado: “Salimos a un campichuelo, y luego pasamos otro monte de naranjos y otros árboles; salimos al pequeño valle que llaman de La Frontera, bien poblado de ranchos, cuyas gentes se dedican al cultivo de la caña, maíz, mandioca y otros frutos que produce bien el terreno”. Cien años después, Ñemby seguía siendo un importante centro agrícola, favorecido por su cercanía con Asunción. En el censo agrícola de 1863, los agricultores de Ñemby cultivaban productos que hoy en día son sorprendentes. Por ejemplo, se cultivaban extensas plantaciones de tabaco con 8.263 plantas y de algodón con 12.274 plantas. Además, se contabilizaron 1.357 liños de trigo, 905 de cebada y 1.042 de garbanzos. También había 11.003 unidades de caña dulce, aunque no se especifica si eran liños o plantas. Ñemby también tenía amplias plantaciones de arroz en 1863. Un artículo titulado «La agricultura antes de la guerra 1865 – 1870» de César Candia detalla la producción de arroz en varias localidades, y Ñemby figuraba entre los pueblos con mayor producción del país, alcanzando 5.582 liños de cien varas*. Caazapá lideraba la producción de arroz con 13.451 liños, mientras que La Recoleta tenía solo 50 liños. Ñemby, con una superficie de solo unos 75 km², tenía una alta producción comparada con Caazapá, que tenía alrededor de 900 km². Aunque desconocemos las ubicaciones específicas de los campos de arroz en Ñemby, imaginamos que prosperaron cerca del río Paraguay, al cual Ñemby todavía tenía acceso en esa época, así como en lagunas y áreas cercanas a arroyos, ya que los campos de arroz requieren inundación durante al menos 10 semanas durante la temporada de cultivo. En el Anuario Estadístico del Paraguay de 1886, la actividad principal de los ñembyenses seguía siendo la agricultura, con 1304 personas, seguida por lavandería y costurería con 16 personas, jornalería/servicio doméstico con 14 personas, comercio con 7 personas, hacendado con 8 personas, carnicería con 4 personas, industria con 3 personas, curandería o médico con 2 personas, función pública con 1 persona, albañilería con 1 persona y maestro de escuela con 1 persona. Entonces, Ñemby tenía 7974 liños de tabaco, 3834 liños de caña de azúcar, 2.160 liños de arroz, 4.300 liños de maíz, 75.805 liños de mandioca, 29.755 liños de poroto, 468 liños de cebolla, 328 liños de papa y batata, 75 plantas de café y 41.873 liños de maní.

*N/A: La medida utilizada para trazar los liños era la vara, que equivalía a 83 cms.

Recreación con IA de una plantación de tabaco en Ñemby en el año 1880.
Recreación mediante inteligencia artificial del viñedo de los Jesuitas en Ñemby durante el siglo XVII.
Interpretación digital con IA del viñedo de los Jesuitas en Ñemby durante el siglo XVII.
Recreación con IA del viñedo de los Jesuitas en Ñemby durante el siglo XVII.

BIBLIOGRAFÍA

Banco Agrícola del Paraguay (1910). Exposición Internacional de Agricultura de Buenos Aires. Asunción: H. Kraus.

Candia, C. (1944). La agricultura antes de la guerra 1865–1870. Asunción: Revista del Ministerio de Agricultura, año I, Nº I.

Decoud, H.F (1896). Geografía de la república del Paraguay, 2º edición. Asunción: C.Codas.

Gásperi, F. E. de. (1920). Atlas general de la República del Paraguay. Asunción: Papelería, Librería e Imprenta Argentina Casa Jacobo Peuser.

Maeder, J.A. (1996). Magnitud y destino de las temporalidades del Paraguay. Asunción: Anuario de la Academia paraguaya de la Historia, volumen XXXVI.

Oficina general de estadística. (1886). Anuario Estadístico del Paraguay. Asunción: Fischer & Quell.

Washburn, Charles A. (1861). The History of Paraguay. Boston: Lee and Shepard.